Operación Bookini 2015: un verano de sol y libros.


Hola a tod@s!

¿Cómo están llevando estos días de calorcillo estival? !Espero que muy bien, disfrutando de las altas temperaturas con buenos libros y cositas fresquitas a mano! Hoy les traigo una entrada especial por dos motivos: 

1. Me he currado una infografía muy chula para mostrarles los libros que me gustaría leer este verano.
2. Este blog se toma un respiro y cierra sus puertas hasta el nuevo curso. 

Sobre mi particular "operación bookini", qué decir: todos estos libros me apetecen mucho, llevan tiempo en mi lista de pendientes y tratan de temas de lo más diversos: fantasía, narrativa contemporánea, novela gráfica, algún que otro clásico... No sé si los voy a leer todos o me voy a saltar mis intenciones a la torera, pero quería compartir con ustedes cuáles son los libros que más me apetece leer este verano y escuchar sus opiniones al respecto (y quien sabe, si me hacen alguna recomendación especial para estas fechas puede que la incluya...)

Respecto al otro asunto, pues no hay mucho que decir: todos los años me tomo un mes de vacaciones blogueras por estas fechas, así que ha llegado el momento. Sin embargo, a diferencia de ocasiones anteriores, esta vez mi periodo de "apagón" será más largo, ya que realmente necesito tiempo para organizarme: hace poco he vuelto al mercado laboral y eso implica que tengo menos tiempo que antes... A eso hay que sumarle que estoy compaginando mi trabajo con estudios, cursos a distancia y otros proyectos personales y, de verdad, no me da la vida. Por ese motivo el ritmo del blog ha bajado tanto y por eso este año me voy de vacaciones antes de lo normal y sin fecha concreta de regreso. 

Quiero aclarar que no voy a abandonar el blog, pero necesito tiempo para organizarme, para dedicarme a los otros frentes que tengo abiertos, para redactar las miles de reseñas que tengo pendientes y para volver al 100%, comentando en vuestras casitas y dedicándole a la mía el tiempo que precisa... A pesar de que estaré algo desconectada en la blogosfera, me seguiré pasando por mis redes sociales de vez en cuando para saludarles y que no se olviden mucho de mí. 

Pues eso es todo, amig@s, esto no es un adiós, sino un hasta luego: espero que disfruten muchísimo del verano, ya sea trabajando o haciendo el vago y nos vemos a la vuelta, ¡sean muy felices mientras tanto! Abrazos! ;)



Previously... (XVIII).


Hola a tod@s!

¡Bendito verano, por fin estás aquí! Después de varios meses con más frío que calor, agradezco que el solecito haya venido para quedarse, aunque eso me haga sudar como un pollo. Supongo que muchos de ustedes estarán agobiadísimos por las altas temperaturas pero, ¡qué quieren que les diga, soy un erizo tropical! He de reconocer que con el tiempo así y las nuevas obligaciones que he adquirido recientemente, no he encontrado demasiados momentos para leer y mi cosecha de libros es más bien escasa... Y me temo que será así durante todo el verano. Pero no quiero adelantar acontecimientos, así que, ¡revisemos qué tal me fue el mes!



Lo reseñado:

Mi poco tiempo disponible ha hecho que rebaje considerablemente el volumen de entradas de este blog: normalmente intento actualizar dos veces por semana pero en junio eso ha sido físicamente imposible. Aún así, y aparte de algún libro peculiar que quise presentarles, conseguí hueco para hablarles de dos novelas que me gustaron muchísimo y que recomiendo encarecidamente: La vida de las paredes, de Sara Morante y Charlotte, de David Foenkinos. En mi página de Facebook han recalado dos nuevas microrreseñas muy diferentes entre sí: por un lado El bibliótafo, un clásico norteamericano que gustará a los amantes de la metaliteratura y, por otro, Cosas que nunca olvidarás de tu Erasmus, un libro que prometía mucho pero que acabó siendo un pequeño chasco.


Lo leído:

Ha sido un mes flojito: ya saben que yo no soy una devoradora de libros, más bien soy una tortuga lectora, pero iba manteniendo una media de 4 o 5 libros leídos al mes  que me tenía contenta. En junio cayeron tres libritos bastante delgados y otros dos quedaron a la mitad: uno lo acabé en julio y del otro me queda bastante, así que no puedo incluirlos en la lista. El mes empezó con Ácido sulfúrico, obra que me acercó por primera vez a Amélie Nothomb y que me encantó: había oído hablar mucho de esta mujer y, de momento, me ha impresionado para bien. A esta novela le siguió la ya mencionada Charlotte que tanto me sorprendió y, después de esta lectura, me la pasé divagando entre varios libros sin hallarme en ninguno por completo. Así que recurrí a un género que pocas veces me falla en épocas de estancamiento, la novela gráfica: así fue como escogí Shenzhen, de Guy Delisle, un cómic que me permitió viajar a la lejana China y ser testigo del choque cultural de una manera divertida y nada sesuda, justo lo que necesitaba en estos momentos de reblandecimiento neuronal.


Vinieron para quedarse... (XXV).

No sé si se acuerdan que el mes pasado fue una locura y entraron muchísimos libros en casa: para que vean que una se toma a pecho lo del "propósito de enmienda", en junio sólo adquirí tres novelas y no soy culpable de ninguna de ellas: gracias al  blog De lector a lector gané Gente que viene y bah, una lectura con pinta de fresquita que me viene de perlas para este verano. Y luego llegaron dos sorpresas en forma de ebook: Lucas L. Lair me envió Recién Muertos: el Musical, una novela que se aleja mucho de lo que suelo leer pero cuya mezcla de ingredientes me causa bastante curiosidad. El otro libro inesperado fue El rey lombriz, que me remitió la editorial Enxebrebooks: aunque descarto leerlo de inmediato, puede ser una historia interesante, dados los ingredientes que la componen...


La viñeta lectora del mes.

¿Quién no ha escuchado o leído esta frase de Borges con anterioridad? El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta "el modo imperativo"; ¡cuánta razón! Leer es un acto placentero que tiene que ser sinónimo de bienestar, no de obligación y rutina; me viene bien recordar esta frase cuando me siento mal por no "cumplir mis objetivos lectores", unos objetivos que chocan frontalmente con lo que para mí significa la literatura y que no tiene nada que ver con la cantidad. Probablemente este verano no tenga demasiado tiempo para sumergirme en tantos libros como me gustaría...  Pero me acordaré de don Jorge Luis y me lo tomaré con calma.

Pues nada más, ¡así son las cosas y así se las he contado! Y a ustedes, ¿cómo les fue el mes? ¿cómo se presenta el verano? ¿suelen aplicar el modo imperativo a sus lecturas? Abrazos! ;)

Libros Peculiares (III): Libro de las historias tuyas y mías (y de nadie más).


Hola a tod@s!

¡El amor está en el aire! Y en estos días más que nunca gracias a una estupenda noticia: ayer EE.UU se sumó al grupo de países que reconoce el matrimonio igualitario, lo que supone que el 100% de su población, independientemente de su orientación sexual, podrá casarse a partir de ahora si así lo desea. 

Esto supone un hito en los derechos civiles estadounidenses y seguramente traspasará fronteras: aunque ya en casi 20 países este era un derecho reconocido, que EE.UU se haya unido a la lista es el espaldarazo definitivo a la igualdad de todos los ciudadanos y un espejo en el que se mirarán aquellas regiones del mundo que aún recelan de estos nuevos tipos de familia. 

En fin, que me lío, que este no es el tema de esta entrada; en realidad quería hablarles de un nuevo libro peculiar que conocí hace poco y que me parece una monada... Y como es ideal para enamorados, ¡hoy me ha parecido un día perfecto para mostrarlo!



Este pequeño librito lleva el spoiler desde su portada, pues se titula Libro de las historias tuyas y mías (y de nadie más) y es obra y gracia del estudio de diseño Mr. Wonderful.

Creo que a estas alturas pocos son los que no conocen esta marca, ya que desde hace algunos años inunda nuestras redes sociales con ilustraciones bonitas y mensajes positivos: es imposible que alguna de sus viñetas no te haya hecho sonreír, ya que son de lo más adorables.

Pero en este libro no hay ilustraciones que valgan: el relleno viene de parte de uno mismo, haciendo de cada página un lienzo en el que mezclar los mejores recuerdos de la pareja, gracias a fotos y al relato personal de cada momento vivido en común. 


El Libro de las historias tuyas y mías (y de nadie más) es un pequeño cuadernito con 48 páginas de buen papel y con una decoración sencilla en colores claros que será el marco perfecto para hacer una declaración de amor única a nuestra media naranja.

La cosa funciona así: cada página está protagonizada por una frase que habla de lo que más te gusta de tu pareja o de aquellos momentos especiales que nunca olvidarán.

Luego entra dentro de cada uno rellenar esos espacios con nuestras emociones propias, haciendo de cada uno de estos libros un ejemplar único e irrepetible.


Todo vale para ilustrar tu particular historia de amor: pegar fotos, hacer dibujos, añadir pegatinas, recolectar los tickets de los eventos compartidos... 

El resultado final será un mini - álbum de recortes en el que habrás reflejado de una manera íntima y sincera todas aquellas cosas que sientes por la otra persona y que a veces no sabes cómo expresar, dándole forma a un presente sin igual.


El Libro de las historias tuyas y mías (y de nadie más) es un regalo magnífico para el que lo da y para el que lo recibe: al primero le servirá para dejar constancia de todas las cosas buenas y bonitas que ha vivido con su pareja de una forma creativa y el segundo recibirá una obra única y cargada de amor que recopila los grandes momentos de la relación. 

Probablemente no haga falta este librito concreto de Mr. Wonderful para conseguir el mismo objetivo, pues con un poco de maña cualquiera puede currarse algo tan chulo como ésto... Pero personalmente creo que es una muy buena idea con un formato precioso que sacará a la luz nuestro lado más tierno poniéndolo al servicio de nuestra historia de amor.

¿Les gusta este libro peculiar? ¿Lo habían visto antes? ¿Creen que vale la pena regalar un ejemplar así? Abrazos! ;)

Charlotte.


Fue por casualidad.
No esperaba encontrármelo ese día en la biblioteca.
Pero lo vi allí, en el estante de novedades y recordé que me lo habían recomendado.
"No está nada mal", "es una historia impactante", "lo que cuenta y cómo lo cuenta lo convierte en algo sin igual"
Y me apeteció hacerle hueco, aunque no debería.
Hice memoria sobre el único libro que había leído de David Foenkinos, La delicadeza.
Que sin parecerme una obra maestra me dejó buen sabor de boca.
Imaginaba que no sucedería lo mismo con este libro; la temática es diametralmente opuesta.
Aún así, Charlotte me atraía irremediablemente, aunque la historia se me antojaba dura.
Quería comprobar si el autor era capaz de hablar de esta desdichada artista sin caer en lugares comunes.


Charlotte Salomon fue una pintora alemana de origen judío que vivió de lleno el ascenso del nazismo y los desastres de la II Guerra Mundial.
Ya sé que estos son ingredientes más que suficientes para que muchos lectores salgan corriendo.
Pero Foenkinos no nos va a hablar de la historia que todos conocemos hasta la saciedad.
Sino que hará una biografía casi poética sobre esta desconocida y genial pintora.
A lo largo de estas páginas nos acercaremos a la vida de Charlotte desde incluso antes de que esta naciera.
Porque Charlotte estaba marcada por el destino desde antes de nacer.
Foenkinos recreará la existencia y pensamientos de esta artista de una manera exquisita.
Y nos hará sucumbir ante la belleza en medio del dolor.


Charlotte es la protagonista absoluta de esta obra.
Ella es el centro de su universo familiar, un universo oscuro y agitado sobre el que planean fantasmas que ni ella misma conoce.
Conocemos la vida familiar antes de su llegada, su accidentada infancia, su apasionada adolescencia, su angustiosa juventud.
Y poco más.
Porque con apenas 26 años todo acaba para ella.
A pesar de todo, ésta no es una historia que se regodee en los horrores del nazismo.
Somos conscientes de ellos y el autor incluso nos los llega a mostrar.
Pero el centro de la historia es Charlotte,  su pasión por el arte, su crecimiento personal, las lagunas de su biografía que la desamparan...
Tendrán parte en este universo los padres de Charlotte, que la sobreprotegen, sus abuelos obsesionados con el mal, su querido Alfred, profesor de canto de su madrastra por el que perderá la razón, su maestro de arte, que la apoya a pesar del peligro que ello implica y toda la gente que conoció cuando el fin del mundo se acercaba y huir era la única salida.
Todos ellos serán parte de Charlotte y nos mostrarán pequeñas facetas de esta mujer cuyo talento sólo ha sido reconocido con mucha posterioridad.


Lo más que me ha sorprendido de este libro es la forma en la que está narrado.
Porque la obra, que a primera vista parece una de tantas, queda enriquecida por la manera en la que está expuesta.
Foenkinos dice que le costó escribir una historia que le obsesionaba desde que la conoció.
Porque no sabía cómo trasladar todo lo que quería decir al papel, cómo representar la incertidumbre, el dolor, el tormento, la obsesión en la que para él se convirtió esta artista.
Hasta que descubrió que no podía ser de otro modo.
Tenía que acabar cada frase con un punto y aparte para poder respirar.
Esto hace que, a primera vista, la obra parezca un poema.
Que nos recuerde una de esas epopeyas antiguas atribuidas a Homero o Virgilio.
Pero, aunque en las palabras de Foenkinos se aprecia cierta cadencia poética debido al delicado uso del lenguaje, no es el fin del escritor crear un romance sobre Charlotte.
Sólo quiere expresar lo que para él significa esta artista.
Al hacerlo de este modo eleva una simple biografía y la convierte en una obra refinada.
Dura por momentos, dulce a ratos; tierna y desgarradora.
Creo que entra en perfecta armonía con el legado artístico de Charlotte Salomon.


Personalmente me ha gustado muchísimo esta obra; no sabía exactamente lo que me iba a encontrar y superó todas mis expectativas.
Reconozco que la particular manera que tiene el autor de contarnos la vida de Charlotte no me convenció en un primer momento pero, casi sin darme cuenta, acabé totalmente inmersa en sus palabras.
He de decir que me emocioné, no con esa emoción que hace que te salten las lágrimas, sino con aquella otra que te da escalofríos y te recorre la columna como si fuera un calambrazo.
Para mí esto fue suficiente: Charlotte es un libro magnífico.
Similar en el fondo de su historia a muchas otras, diferente por la manera en la que está contada y por cómo la cuenta: Foenkinos no se centra en los grandes acontecimientos, sólo nos quiere hablar de la vida de esta artista a la que tanto admira. 
La admiración se nota en cada una de sus palabras y él mismo llega a hablar en primera persona explicando qué significa para él Charlotte y  por qué ha escrito este libro, integrándolo perfectamente en el conjunto del texto.
Charlotte es un libro diferente, no está hecho para pasar el rato.
Quizás no sea el más ideal para estas fechas veraniegas, en las que sólo buscamos evadirnos.
Pero para mí ha sido una experiencia lectora única que recordaré durante mucho tiempo y que recomiendo sin dudar, independientemente de la época del año en la que estemos.

En una carta, escribió estas palabras de conclusión:
 "En mi obra de teatro yo era todos los personajes.
He aprendido a tirar por todos los caminos.
Y así me convertí en mí misma".

Vinieron para quedarse... (XXIV).

Book Haul Mayo 2015

Hola a tod@s!

No sé cómo pudo pasar, aún no me lo explico: sólo tenía pensado hacer una compra este mes, así que estaba segura de que no entrarían muchos libros en casa... Pero nada, mis propósitos se han ido al traste completamente y he recaudado un buen botín.  Lo cierto es que fueron entrando poco a poco, desde que comenzó el mes, pero no me di cuenta hasta reunirlos a todos para la foto de la magnitud del desastre... En fin, sea como sea y ya que estas preciosas novelas vinieron para quedarse, ¡intentaré darles el mejor hogar posible!


Este par de preciosidades las obtuve gracias a sus respectivas editoriales: Hermida Editores me tentó con Suave es la noche, un libro que me han recomendado hasta la saciedad y que me parece una buena forma de estrenarme con Fitzgerald. Bóveda, por su parte me atrajo con su Antojo de violetas, un libro muy bonito a simple vista y con una ambientación suculenta con el que creo que me lo voy a pasar fenomenal.


Fernando García Pañeda, un autor con el que ya había tenido el gusto de estrenarme, me ofreció la oportunidad de leer su nueva obra, Sueño y azar, y no pude rechazar la oportunidad: tengo buen recuerdo de Gentes del club, otro libro del autor y creo que este pequeño relato me puede gustar mucho. Mayo fue mi mes afortunado, ya que gané varios libros gracias a la blogosfera: sin ir más lejos en el blog Te deseo un libro conseguí Sin alma, un apasionante thriller del que he recibido buenas impresiones, ¡a ver qué tal! 


Gracias a Pedro y a Teresa conseguí dos obras de David J. Skinner: Una herencia problemática y Los crímenes del ajedrez, dos estupendas novelas negras bastante cortitas que pintan genial para el verano, ¡ya les contaré!


Gracias a un sorteo realizado por Marina conseguí Gente rara en situaciones comprometidas, un libro cuya curiosa sinopsis llamó inmediatamente mi atención: no tengo demasiadas referencias ni de la novela ni del autor pero los ingredientes que componen la trama me llaman muchísimo. Y de la mano de Lidia conseguí un libro que deseaba desde hacía mucho tiempo, La pintora de estrellas: probé suerte infinidad de veces con este libro, dejando en manos del destino el que yo lo leyera o no... Ahora que es mío sólo tengo ganas de colarlo en mi lista y que me haga disfrutar como a tantos y tantos lectores. 


A partir de aquí comenzó la locura: este fue el mes del libro casual y del bookcrossing, que hacía tiempo que no practicaba. Una tarde quedé con unos amigos para tomar algo y en la cafetería me encontré con una iniciativa de intercambio de libros que se lleva a cabo en varios locales de mi ciudad: había muchos libros para elegir y, aunque estuve a punto de llevarme otro, el mal estado del ejemplar que yo quería me hizo decantarme finalmente por Las hijas de Hanna, una novela de la que no sé mucho pero que creo que encaja con mis gustos. Otro día fui a mi biblioteca de cabecera y ocurrió lo que hacía tiempo no pasaba: una mesa llena de libros cedidos por otras personas esperaban nuevo dueño. A pesar de que había mucha cantidad, creí que ninguno me gustaría, pero tuve la suerte de encontrarme con En el último azul, una novela que aúna dos temas que me encantan (criptojudaísmo y Edad Moderna) y a la que no dudaré en hacerle hueco lo antes que pueda. 


En esa misma pila de "libros para llevar" había varias pequeñas novelas a las que nadie les hacía caso por su discreto formato: la gente se tira a por los libros espectaculares, pero las ediciones más humildes  son ignoradas completamente. En ese montón de libros chiquitos pero matones estaba Lady Susan, de Jane Austen y Asesinato a domicilio, de Alfred Hitchcock: ya sé que no son los libros más bonitos del mundo pero ambos me llamaron la atención y creo que merecen una oportunidad, a pesar de su discreto formato. 


Y aquí van mis dos únicas compras del mes, que tienen un protagonista indiscutible: George R. R. Martin. Ya saben que me gusta mucho la saga Canción de Hielo y Fuegoasí que tenía ganas de que estos libros formaran parte de mi colección. Por un lado tenemos El mundo de Hielo y Fuego, un tomo enciclopédico con la intrahistoria de Poniente que me apetecía un montón: fui ahorrando desde que se editó en Estados Unidos porque me imaginaba que no sería precisamente asequible y menos mal, ya que un desembolso tan grande de repente no me lo hubiera podido permitir. Eso sí, el libro vale lo que cuesta: si eres fan de la saga disfrutarás de una edición de lujo ilustrada a todo color, con páginas de papel grueso, dibujos impresionantes, marcapáginas de tela,  gran formato y, lo más importante, un montón de datos interesantes sobre la Historia y el Mundo inventado por Martin que hará las delicias de cualquier friki. La otra compra martiniana fue El caballero de los Siete Reinos, un libro que recopila los tres cuentos de Dunk y Egg que ha publicado hasta ahora el autor y que transcurren casi un siglo antes de los acontecimientos que se desarrollan en su magna novela - río (y que explican muchos hechos que desconocemos). Sinceramente, no tenía pensado hacerme con este ejemplar de inmediato, básicamente porque se prevé que se publique en España a finales de año en una de esas bonitas y caras ediciones a las que nos tiene acostumbrados Gigamesh... Pero gracias a Booktube descubrí que en América Latina adelantaron el lanzamiento y en Bookdepository el libro estaba francamente barato, así que no me lo pensé más: no me importa no tener una edición de lujo teniendo la posibilidad de acercarme a estas historias sin dejarme un riñón por el camino.


Bueno amig@s, ¡esto es todo! De verdad que no me esperaba para nada este montonazo de libros, pero creo que estoy en situación de afirmar que esta opulencia bibliográfica no se va a volver a repetir en breve: no digo que no compraré libros en el resto de mi vida, pero sí que quiero dejar de acumular para centrarme más en leer, que es lo importante, ¿no? En fin, mientras como cada mes hago propósito de enmienda, ¿qué les han parecido mis libros? ¿les gusta alguno? ¿Son asiduos al bookcrossing u otras iniciativas similares? Abrazos! ;)

Previously... (XVII).


Hola a tod@s!

Que por mayo, era por mayo, cuando hace la calor, cuando las bibliotecas encantan y están los libros en flor...Ejem, ejem, perdón: con este tiempo cambiante me pierdo y me pongo a tunear romances antiguos... Mayo fue un mes regulero: se me pasó lentísimo y tenía tantas preocupaciones en la vida real que no le di mucha prioridad a la lectura ni a la blogosfera (sorry!). En realidad el mes empezó bien y en unos días devoré varios libros... Pero luego me alejé bastante de las letras por placer para dedicar mi tiempo a las letras por obligación y si no hubiera sido por una fantástica novela que leí al final, habría terminado el mes con la sensación de que estoy cayendo en un bache lector de esos que se acaban enquistando...


Lo reseñado:

A pesar de que no pude dedicar todo el tiempo que me hubiera gustado al blog, lo cierto es que el ritmo de reseñas no decayó e incluso hubo hueco para  algunos libros que llevaban demasiado tiempo esperando su turno. Comencé el mes con Lo contrario de la soledad, un libro que se hizo famoso por culpa de la trágica historia de su autora y que, aunque reconozco que no es una obra "cambiavidas" (que es casi como la venden), si que vislumbré el talento en pañales de una escritora que podía haber dado mucho de sí. Cambié de registro con Ondina, un precioso relato ilustrado mucho más maduro de lo que pueda parecer a primera vista y que sorprende, tanto por su contenido como por su estética sobresaliente. El insólito peregrinaje de Harold Fry era un libro que tenía muchas ganas de recomendar desde hacía tiempo, pero no me nacía elaborar una reseña sobre él: finalmente me puse las pilas y les expliqué lo mejor que supe por qué me gustó tantísimo esta historia. Quise hacer un gesto hacia mi tierra en el Día de Canarias y traje a este rincón Garoé, un libro basado en una bonita leyenda local que no cumplió para nada las expectativas; ¡ojalá que la próxima historia que elija basada en mi terruño sea más consistente! Paralelamente al blog dejé dos microrreseñas en mi página de Facebook: por un lado, Problemas del Primer Mundo, un divertido cómic sobre esas tonterías de las que hacemos todo un drama y  por otro  mostré Las cosas que guardo, un álbum ilustrado precioso que me sorprendió gratamente por su estilo diferente y su sencillo mensaje final.


Lo leído:

Cuatro de los cinco libros que leí en mayo cayeron prácticamente en los primeros diez días del mes: Lo contrario de la soledad, del que ya les hablé, es casi un libro de relatos que se lee enseguida, así que inauguró el mes lector. Seguí con Garoé, un libro que no me gustó pero al que le tengo que reconocer que se lee bastante rápido, quizás por ese lenguaje tan básico que utiliza el autor y que no invita precisamente ni a sumergirse en la ambientación ni a deambular entre una prosa bella o evocadora. Aprovechando una visita a la biblioteca leí in situ Cosas que nunca olvidarás de tu Erasmus, una especie de manual de supervivencia ilustrado para estudiantes cuyas viñetas me hicieron alguna gracia, pero cuyo texto de apoyo me pareció tan lleno de clichés que acabé algo molesta por perder mi tiempo acercándome a esta obra. El bibliótafo fue un pequeño clásico que me acompañó durante la primera semana de mayo y me pareció simpático y entretenido, aunque no consiguió convertirse en una de mis obras metaliterarias de referencia. Por último decidí no acabar el mes sin leer La vida de las paredes y estoy muy contenta por ello: la novela es una delicia, tanto en forma como contenido y no me cansaré de recomendar su lectura a todos aquellos lectores sensibles, que sepan leer entre líneas y disfrutar paralelamente de dibujos y palabras. 


La viñeta lectora del mes:

Para junio he elegido una viñeta que me gustó mucho cuando la descubrí: "No leas para dormir, lee para soñar". Sé que mucha gente lee en la cama a modo de somnífero y lo entiendo, pero creo que, ya que estamos, debemos aprovechar nuestros momentos a solas con los libros para empaparnos de ellos completamente, aprendiendo y disfrutando a la vez. Conozco a varias personas que, desde hace varios años, leen una y otra vez la misma página de una novela porque sólo la usan para quedarse trapuestos... Eso me da un poco de pena, ya que no le está dando la oportunidad a la historia de desarrollarse en su interior. No sé, para mí leer es algo más que procesar palabras ordenadas en mi cerebro y creo que la oportunidad que nos da la lectura de desarrollar nuestra imaginación es única y mágica, así que, ¡qué menos que explotarla al máximo!

Pues nada más por hoy, ¡esto es todo! Ojalá que junio me depare grandes lecturas, que el cuerpo me pide alguna historia inolvidable para este verano. Y ustedes, ¿qué esperan de este mes? ¿Tienen muchos planes lectores a la vista? ¿Utilizan los libros como narcótico o como ticket hacia el país de los sueños? Abrazos! ;)


La vida de las paredes.

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No me hizo falta leer el argumento de este libro para decidir su lectura en lo que supe de él: lo reconozco, las apariencias jugaron fuerte y le ganaron la partida a mi eterna lista de novelas procrastinadas. En mi defensa diré que no iba del todo a ciegas: Sara Morante, autora de La vida de las paredes, es una ilustradora de la que he disfrutado mucho con anterioridad, gracias a su trabajo artístico en libros como Casa de muñecas o Xingú. Estas positivas experiencias previas avivaron mis ansias de asistir a su debut literario; ¿se manejaría tan bien entre letras como entre pinceles? Felizmente no tuve que esperar demasiado para averiguarlo: plantada entre las novedades de mi biblioteca se encontraba este pequeño tesoro, tan bellamente editado, que no pude menos que sentir un pequeño pellizco en el corazón al saber que tendría que devolverlo algún día, que no se quedaría conmigo para siempre... Al menos - pensaba para mí- si la lectura no llega a la altura de las expectativas me resultará más fácil desprenderme de él...


A principios del siglo XX, en el número 16 de la calle Argumosa, se levanta un elegante edificio coronado por cuatro gárgolas de piedra, que es la envidia del vecindario. La propietaria de este edificio, es Berta Noriega, una mujer severa y de clase alta que ocupa el primer piso del inmueble  mientras alquila los demás. En el segundo piso habitan los López, un matrimonio algo distante y su espabilado hijo Vicente, que a pesar de su corta edad es capaz de descifrar los enigmas encerrados en sus retratos de familia. En el tercer piso mora el señor Ruballo, un  respetable artesano dedicado a confeccionar paraguas, sombrillas y abanicos cuya afición secreta es espiar a través de un agujero de la pared la vida de su vecina María. María se dedica a coser y sobrevive a duras penas gracias a los mal pagados encargos de costura que recibe y a algún amorío ocasional; la muchacha rumia su mala vida en su pequeño apartamento con la única compañía de un jilguero, que trina mientras ella se ocupa de su labor. El ático es territorio de la Musa y el Artista, una pareja surgida de la pasión pero que cayó en la desidia poco a poco: la Musa sufre una grave lesión que la hace depender del Artista, pero sólo los celos sustentan esa tormentosa relación. En la portería del edificio habitan Emilio y Carmen, un matrimonio de ancianos cuya vida quedó destrozada tras la muerte de su único hijo: él se refugió en sus fantasías y ella en el licor. Todos ellos protagonizan La vida de las paredes, un relato que permitirá al lector ojear a través de una mirilla lo que se cuece dentro de cada apartamento, en donde los protagonistas se desprenden de las apariencias y se comportan tal y como son, sin esconder sus miedos, miserias y esperanzas. 


Todos los personajes de esta novela están muy bien elaborados: la autora ha trabajado con sutileza su psicología, dibujándolos en muy pocas palabras con gran riqueza. Cada uno de ellos guarda celosamente sus secretos ante los demás, pero nosotros, como observadores privilegiados, podremos escudriñar su alma por completo y presenciar su vida tal cual es sin artificios ni imposturas. A pesar de que a primera vista nos puede parecer que estos vecinos tienen poco en común, dadas sus diferencias sociales y económicas, comprobaremos como, de puertas para adentro, todos son tremendamente solitarios y melancólicos, y sus grises vidas poco se distinguen en lo esencial: son las paredes, tanto físicas como mentales las que los encierran en su mundo, impidiéndoles observar más allá de las apariencias que los rodean. Aunque esta es una novela claramente coral, me ha parecido detectar un mayor protagonismo en dos personajes: por una parte María, la costurera centrará la atención del lector por su mala vida y las penurias que sufre, tan bellamente relatadas por Morante que provocan escalofríos y, por otra, la Musa del Artista, una mujer sin igual, adquirirá un protagonismo creciente a medida que nos acercamos al final y conocemos mejor su pasado. Estos dos caracteres son de entre todos mis favoritos, porque creo que fue a los que más llegué a conocer y cuyas historias más me removieron, lo que no quiere decir que el resto del elenco protagonista me disgustara: en realidad me parece que todos los personajes de la obra están a un nivel altísimo y no se les pueden poner demasiados peros.


Morante nos acerca delicadamente a la narración gracias a una pequeñísima introducción en la que nos habla sobre el edificio y una presentación individual de lo personajes, en la que nos retrata, real y figuradamente a cada uno de ellos. El texto está dividido en grandes capítulos titulados con el nombre de los días que pasan, lo que nos indica que presenciaremos lo cotidiano en esa comunidad durante una semana cualquiera, de lunes a viernes, mimetizándonos con el papel de tapizado. Un narrador omnisciente nos va contando lo que sucede en cada apartamento mientras nosotros, como voyeurs, nos introducimos en cada estancia a través de las preciosas ilustraciones con las que la autora acompaña la obra, que son totalmente pertinentes y le dan al conjunto un encanto especial: los dibujos están realizados con maestría y contribuyen a ahondar en el clima de desasosiego que flota en todas las páginas. Los pequeños misterios que salpican la novela hacen que la historia no pierda el pulso en ningún momento y gracias a ciertos toques sobrenaturales, que recuerdan un poco al Realismo Mágico, el lector puede sumergirse de lleno en la poesía que destila la obra, disfrutándola a varios niveles. No se puede decir que la acción sea trepidante, pero la autora ha sabido encajar el puzzle de tal forma que todo nos resulta fluido a pesar de que, aparentemente no esté ocurriendo gran cosa: en este caso, lo cotidiano emociona. Mención aparte merece la edición de este libro: hermosos dibujos de aires vintage, papel de calidad, punto de lectura de tela, tapa dura, profundo olor a tinta... Lumen lo ha hecho muy bien y por ello le doy la enhorabuena. 


La vida de las paredes es una obra de arte y no lo digo sólo por las ilustraciones que la conforman, sino por el texto que le da vida: ambas facetas se complementan perfectamente y forman un relato sólido, lírico, expresivo y sutil cuya lectura es una delicia. No es la primera novela que leo sobre "cotilleos vecinales", pero es la que más me ha convencido, con la que más he disfrutado convirtiéndome en una pared que escucha: culpa de ello la tienen unos personajes que no se quedan en el boceto, sino que muestran su complejidad. Me ha sorprendido que la primera obra de Sara Morante tenga unos mimbres tan sólidos y espero que se anime a seguir escribiendo y a mostrarnos su talento en el mundo de las letras, donde tiene tanto futuro como en el de la pintura. No dudo en recomendar fervientemente este libro a aquellos que gusten de las historias delicadas, que se paladean despacio pero cuyo sabor perdura; les aseguro que aquí encontrarán una joyita que merece un puesto de honor en la estantería física y en la del corazón. 

"Los objetos que pertenecieron a otros guardan algo de su carácter, su personalidad se impregna de ellos; al verlos y tocarlos no sólo aprecias su valor, sino que te traen recuerdos de las personas que antes que tú los poseyeron".

Garoé.

Portada y reseña del libro Garoé, de Alberto Vázquez - Figueroa

Si les hablo de Canarias, seguro que lo primero que se les viene a la mente es una imagen de postal: sol, playa, arena, Naturaleza en estado puro... Pero se sorprenderían si conocieran todos los bienes inmateriales que hay detrás, toda la cultura que encierra este pequeño terruño y de la que apenas se habla fuera de aquí: no sé si saben que estas islas, hace poco más de 500 años, estuvieron habitadas por una civilización neolítica, cuyos bienes más preciados eran los animales de su corral, los cereales de su cosecha y las herramientas de piedra, madera y cuero que les hacían la vida un poco más fácil. Los aborígenes canarios, que fueron prácticamente extinguidos o esclavizados tras la conquista castellana, perduran entre nosotros gracias a una gran cantidad de toponímicos, algunas palabras que conservamos en nuestro habla y un buen número de relatos míticos que hacen de ésta una comunidad fascinante. Entre mis leyendas más queridas está la que se refiere al Garoé, el árbol santo de los bimbaches, su principal manantial de agua y la llave de su destrucción. Por eso cuando hace algunos años un familiar me pidió que revisara sus libros por si quería alguno, ya que los iba a donar a la biblioteca, entre el montón de los elegidos quedó Garoé, de Alberto Vázquez - Figueroa: aunque después de un atracón adolescente de libros del autor me daba pereza volver a él, la atracción por su trama y las ganas de  acercarme a un pasado tan cercano, mágico y lleno de misterio fueron más fuertes que mis prejuicios e hicieron que eligiera esta novela como una de mis lecturas ineludibles.


Corre el siglo XVI cuando Gonzalo Baeza, un general andaluz afincado en Tenerife, recibe la inesperada visita de su amigo  el monseñor Alejandro Cazorla, que trae buenas noticias para él: la Corona le ha asignado un puesto de autoridad en la isla de El Hierro. Sin embargo Baeza no está nada contento y se niega a seguir la orden, dado que los malos recuerdos que conserva de su estancia en aquella isla se agolpan en su cabeza. Ante la insistencia de Cazorla, Gonzalo Baeza procede a contarle a su amigo los terribles acontecimientos que sucedieron años atrás en la isla más occidental de las Canarias, en la que Baeza conoció el amor, la ambición, la tragedia y perdió la inocencia por el camino.


La acción de Garoé se sitúa en un momento muy interesante, justo cuando dos culturas desconocidas y muy distintas entre sí se encuentran y se ven obligadas a convivir, a pesar de sus diferencias insalvables. El punto de la discordia entre guanches y castellanos en la isla de El Hierro será un producto altamente demandado en Europa, pero sin ningún valor para los bimbaches: la orchilla, un liquen que crece en lugares inaccesibles por cuya posesión muchos hombres perderán la vida. Vázquez - Figueroa nos quiere mostrar cómo a una sociedad antigua le afectan las nuevas costumbres: los herreños pasan de ser felices con su modo de vida a anhelar las baratijas que le facilitan los conquistadores, que pretenden conseguir enormes riquezas gracias al solicitado tinte púrpura que sale del liquen sin sacrificar a ninguno de los suyos, haciendo que los nativos escalen riscos, peñascos y acantilados a pesar de la peligrosidad que ello conlleva. En esta tesitura el autor decide incluir la historia de amor entre el propio Baeza y una joven aborigen a la que él llama Garza que, para mi gusto, no está bien desarrollada: no sé si es culpa mía, pero a mí esos amores que surgen con sólo una mirada no me terminan de convencer. Baeza y Garza no son capaces de comunicarse entre sí, pues hablan distintos idiomas, pero se pasan el día mirándose y haciendo el amor, lo que parece ser suficiente para convertirlos en almas gemelas. Baeza se verá en una difícil tesitura cuando tenga que decidir si ha de comportarse como un soldado honorable en aquella isla y servir pese a todo a la Corona o si su lado sentimental debe imponerse y proteger, no sólo a su enamorada, sino a todo su indefenso pueblo, que probablemente será exterminado si él no pasa a la acción. 


A pesar de que el conflicto de fondo de la historia me resultó interesante, los personajes me han parecido muy desdibujados y cargados de clichés: en realidad el autor no profundiza en ninguno de ellos y la tensión y el drama que pretende imprimir a la historia sólo rascan la superficie. Creo que esto se debe en gran parte a la manera en la que el autor ha redactado la historia, con una prosa muy básica, que pretende epatar pero que a mí no me transmitió nada en absoluto: pasaba la páginas con ganas de acercarme al relato, comprender las motivaciones de unos y otros, sumergirme en la ambientación... pero no lo conseguí: las palabras estaban ordenadas unas detrás de otras, pero a mí no me decían nada. La cosa empeoraba cuando el autor se trasladaba al momento actual de Baeza: mientras que el relato de lo acontecido en El Hierro tenía un pase al verse un intento de generar una situación tensa entre los dos pueblos, el tono cambiaba completamente cuando Baeza le contaba a su amigo lo que allí había ocurrido: a pesar de que supuestamente nuestro héroe estaba traumatizado, su actitud era de total compadreo con Cazorla, haciendo que toda la historia que estaba contando resultara algo falsa y distante. No ayudó tampoco el exagerado maniqueísmo de esta novela en la que los buenos son muy buenos y los malos son muy malos: se hacían necesarios ciertos matices para darle tridimensionalidad a una narración que, para mi gusto, transcurrió de principio a fin en encefalograma plano.


Y el Garoé, ¿qué protagonismo tiene en la historia? Pues se nombra aquí y allá pero no es hasta el final cuando se abre el telón y vemos claramente la función de este tótem casi mágico, cosa que a mí me dejó algo fría. Creo que mi desencanto puede haberse debido a que conozco la historia que hay detrás: supongo que el autor pensaría en un público más amplio que desconociera la leyenda y querría que todos los lectores se preguntaran qué significa Garoé, cuál es su función. Yo pensé que Vázquez - Figueroa lo incluiría más decididamente en la historia, pero se limitó a hacer de él un señuelo y centrar la trama en el choque de culturas, con lo cual este elemento quedó algo deslucido... No sé, siento hablar mal de un libro con ingredientes tan suculentos y con algún que otro reconocimiento a su espalda (ganó en 2010 el Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio), pero he de decir que Garoé no me gustó: a pesar de su interesante punto de partida y su intento de reconocer el pasado aborigen, sus diálogos simplones, sus personajes vacíos y su decepcionante desarrollo le ganan la mano a una preciosa leyenda que no merecía un tratamiento tan pobre.

- Tú y yo sabemos, querido amigo, que el gran problema estriba en que la palabra de Dios nunca viaja sola.
- ¿Qué pretendes decir con eso?
- Que con demasiada frecuencia la acompañan la espada de Dios, el hacha de Dios, la hoguera de Dios e incluso la ambición de riquezas de Dios, pese a que nunca me he explicado para qué necesita Dios unas riquezas que él mismo creó.

El insólito peregrinaje de Harold Fry.

Portada y Reseña del Libro El insólito peregrinaje de Harold Fry, RacheL Joyce

No sé muy bien qué fue lo que hizo que mis pasos se encaminaran hacia El insólito peregrinaje de Harold Fry, pues no recordaba haber oído hablar de él y la portada (factor determinante para "entrarle" a un desconocido) me parecía de lo más anodina. No, no fue amor a primera vista, fue otra cosa: a fuerza de verlo en una pequeña Feria del Libro en la que participaba, me picó la curiosidad: supongo que su blancura destacaba entre tanta novela erótica y policial, teñidas de negro hasta las trancas... Total, que me acabé llevando el libro de Rachel Joyce a casa un poco casi por obligación, por no irme de aquella Feria sin nada entre la manos, y pasaron varios meses hasta que me decidí a hacerle hueco:.. Cuando lo hice, me arrepentí de no haberle prestado antes más atención: no sé si fue por estar en un momento especialmente sensible o qué, pero necesitaba un libro así para reencontrarme con una historia que me embebiera completamente; Harold Fry llegó a mi vida para dejar marca y ahora quiero contarles por qué.


Harold Fry es un anciano común y corriente que vive con Maureen, su esposa, en un pueblecito al sur de Inglaterra donde todos los días parecen ser iguales al anterior. La monotonía de su vida quedará abruptamente interrumpida el día que recibe una carta inesperada: Queenie Hennessy, una antigua compañera de trabajo, le escribe desde la otra punta del país para informarle de que tiene cáncer y está a punto de morir. Harold, sorprendido al tener noticias de su amiga después de 20 años de silencio, decide enviarle una nota de despedida y agradecimiento, al tiempo que se lamenta de haber perdido en contacto con Queenie, que tan bien lo trató en el pasado. Mientras camina rumbo al buzón en el que va a depositar su carta, comienza a reflexionar sobre su vida, sus errores, las oportunidades que ha dejado pasar y  las que nunca llegaron. Piensa en Maureen y su matrimonio distante, emponzoñado de rutina y reproches, y piensa también en su hijo David y en su poca conexión mutua... Sumido en sus recuerdos y alentado por una conversación casual, Harold decide pasar de largo del buzón de correos e ir caminando hasta Berwick, a 1000 kilómetros de distancia, para despedirse en persona de Queenie y darle su carta. Sin ningún tipo de preparación previa, sin dinero, y sin calzado o ropa especial, Harold emprende un largo camino que le servirá no sólo para encontrar a su amiga, sino para encontrarse a sí mismo y deshacerse de sus fantasmas personales.


Harold Fry es un personaje excepcional y rico en matices que vamos comprendiendo mejor a medida que él mismo se va internando en ese peregrinaje interior. En un primer momento, Harold nos puede parecer un tipo gris, anodino, sin ninguna motivación para saltarse sus hábitos de una forma tan flagrante. Su decisión de emprender un viaje de más de 1000 kilómetros a pie nos puede parecer una locura, ya que a simple vista no hay razones para abandonar la cómoda rutina y echarse al camino sin aviso previo... Pero poco a poco comprobaremos que su caminata no es caprichosa, sino que realmente necesita algo así para poner en orden sus ideas. Paso a paso, Harold retornará a una infancia difícil, a un matrimonio frío que ha pasado por demasiadas cosas como para que quede algo de amor, a una relación paterno-filial que nunca terminó de cuajar... Harold se irá liberando de todas esas cargas emocionales que arrastra consigo al mismo tiempo que avanza en su camino, conoce a gente nueva y se va convirtiendo en una pequeña celebridad gracias a ese propósito bizarro que se ha impuesto y que tiene como fin salvar a Queenie: Harold está convencido de que, si consigue finalizar su peregrinaje con éxito, su amiga se curará. El otro personaje clave del libro es Maureen, la sufrida esposa de Harold que no entiende por qué su marido ha decidido emprender un viaje que para ella no tiene sentido. Maureen, a la que vemos como una esposa distante, demasiado preocupada por su hijo como para hacer caso a Harold, aprovechará la ausencia de éste para realizar su propia travesía interna y reflexionar sobre todo lo que le ha pasado a la pareja y por qué han llegado a una situación de hastío mutuo. Maureen se dará cuenta de que no conocía a su esposo tan bien como era de suponer y, curiosamente, estando ambos separados y cada vez físicamente más lejos el uno del otro, se acabarán sintiendo más unidos que nunca.


Para mi gusto, la historia está redactada con un pulso seguro y un buen balance entre la narración de los hechos (el viaje, los encuentros, los recuerdos) y los diálogos entre los distintos personajes que va conociendo Harold. La prosa de Joyce es amena y envolvente, sabe ambientar perfectamente la situación en cada momento y logra meter al lector de lleno en la trama, convirtiéndolo en un peregrino más del viaje del protagonista. Valoro especialmente la calidad de las voces de los dos personajes principales, que me han parecido muy bien caracterizadas: Harold y Maureen piensan bien distinto sobre hechos que les han afectado por igual y la autora es capaz de transmitir sus ideas dándoles su voz particular, lo que hace que comprendamos bien cada punto de vista y nos parezca real y cercano. A pesar de que se percibe cierto tono moralista, me ha parecido que la historia desprende esperanza por los cuatro costados y da valor al autoconocimiento y a las segundas oportunidades de una manera que no resulta falsa, sino más bien inspiradora. En este sentido, me ha gustado que muchos de los personajes con los que se encuentra Harold casualmente hablen para bien de su influencia y de todo lo que han aprendido en el camino que comparten a pesar de que nuestro protagoniza nunca se erige como líder ni pretende dar lecciones a nadie: Harold viaja espoleado por motivos personales pero su acto, ese gesto de dar un paso detrás de otro durante casi tres meses para salvar a una amiga hace que cada persona con la que se tropieza encuentre un motivo propio por el que merece la pena echarse a andar.


No tengo manera de describir ahora mismo lo importante que fue para mí la lectura de El insólito peregrinaje de Harold Fry: he tardado meses en traer este libro aquí porque no sabía como compartir lo mucho que me gustó. Y creo que he fracasado en mi intento de transmitirlo: no quiero contar demasiadas cosas sobre el argumento o sobre la evolución de los personajes porque es uno de esos casos en los que, cuanto menos se sabe del libro, mayor (y mejor) será su disfrute. No sé si tuvo algo que ver el momento elegido para leer esta obra, pero me caló muchísimo su mensaje, su "viaje de carretera hacia el interior del alma", su dolorosa humanidad. No me parece un libro triste, sino una historia que nos invita a la reflexión, a detenernos y mirar dentro de nosotros mismos, en nuestro pasado y hacia nuestro futuro. Acompañar a Harold en su camino fue para mí una experiencia muy gratificante que me llevó a aprender más de mí misma a medida que veía cómo aprendían estos personajes, cómo evolucionaban en sus vidas a través de la honestidad, cómo iban dejando trozos de su facahada detrás, quedándose con la esencia, con lo realmente importante para ser feliz... Seguramente para cada lector este libro signifique algo diferente: para unos, la loca aventura de un abuelo, para otros, un tostón bienintencionado sobre dejar las cosas pasar... Para mí El insólito peregrinaje de Harold Fry fue un emocionante viaje al centro del corazón humano, una oportunidad para mirar con perspectiva aquello que no nos atrevemos a decir en voz alta.

Él habría sido el primero en reconocer que su plan tenía varios puntos débiles. No llevaba calzado adecuado, ni brújula, por no hablar de un mapa o una muda limpia. La parte más improvisada del viaje, sin embargo, era el viaje mismo. No había sabido que iba a emprenderlo hasta que ya estaba en marcha. En realidad, no era que su plan tuviera puntos débiles, es que no había plan. No obstante, las carreteras de Devon le resultaban bastante familiares, y cuando abandonara el condado se limitaría a avanzar hacia el norte.

Ondina.


Hace un par de veranos mi hermana se fue de vacaciones a París, una de las ciudades más bonitas en las que he estado nunca. A pesar de que la envidia me corroía, aproveché para recomendarle sitios que  visitar, cosas que comer y experiencias que no podía perderse... que, como imaginaba, ignoró completamente a favor de los planes mainstream que todo buen turista realiza religiosamente. Eso sí, tuvo el detalle de traerme como recuerdo un libro que deseaba muchísimo y que aún no habían traducido al castellano: Ondine, de Benjamin Lacombe. No tardé demasiado en ponerme con él a practicar mi oxidado francés, y la experiencia fue de lo más... rara: la historia era muy bonita, pero tocaba temas que me desconcertaba que estuvieran en un libro aparentemente infantil. Pensando que mi dominio del franchute no era tan bueno como imaginaba y que no había entendido bien el argumento, me propuse releer esta historia cuando fuera editada en español... Pero, aún después de que se publicara en nuestro país, pasaron años hasta que me decidí a sacar a Ondina de la biblioteca y darle una segunda oportunidad.


El caballero Hans de Ringstetten ha sido desafiado por Úrsula, una presumida y noble dama, a que demuestre su valor: si quiere ser merecedor de su mano deberá atravesar la misteriosa Selva Negra y conseguir para ella un regalo especial. Hans acepta el reto, pero no tardará demasiado en perderse entre las oscuras sombras del bosque... Gracias a la amabilidad de una pareja de ancianos consigue comida y refugio, mientras fuera se desata una tormenta. En el tiempo que Hans pasa en esa cabaña conocerá a Ondina, la hermosísima hija de sus anfitriones que esconde un secreto: es una ninfa del agua, un ser mágico íntimamente conectado con la Naturaleza, que no puede enamorarse sin poner en riesgo su esencia sobrenatural. El amor que surge entre ellos será más grande que las dudas que puedan tener y acaban casándose, con lo que Ondina tendrá que dejar su hogar en el bosque para vivir con Hans en su castillo, cosa que hará no sin cierta melancolía. Cuando el caballero regresa a su ciudad, todos se sorprenden de que traiga consigo una esposa tan bella y más que nadie Úrsula, que esperaba ser ella quien se casase con Hans. Pero Ondina se ganará la simpatía de todos y empezará a considerar a Úrsula como la hermana que nunca tuvo, invitándola a formar parte de su nueva familia. Los tres vivirán felices por un tiempo hasta que las tensiones entre ellos empiezan a aparecer y Ondina se dé cuenta, con todo el dolor de su corazón, de que a veces el amor no es suficiente.


Lacombe desarrolla su relato, basado en un mito nórdico, en poco menos de cincuenta páginas cargadas de bellísimas ilustraciones. La narración es  sencilla y va directa al grano: conoceremos los hechos y los personajes, pero no habrá demasiada profundización literaria en los mismos. Desde mi punto de vista, creo que el autor pretende apoyarse en las imágenes para desarrollar la historia, por lo que es muy necesario que, mientras leemos este cuento, nos fijemos en las sobresalientes ilustraciones que acompañan al texto: todas ellas nos transmiten desasosiego, melancolía, romanticismo (en el sentido clásico del término), drama y una pléyade de sensaciones que llegarán a donde las palabras no logran llegar. La edición de este cuento es todo un lujo y convierte a esta obra en una auténtica delicia: el autor ha querido experimentar con efectos visuales y para ello ha utilizado en varias ocasiones papel vegetal, que simula el agua que tan importante es para Ondina. La inspiración de Lacombe en los Prerrafaelitas es más que evidente y da lugar a unas imágenes preciosas  y dulces que evocan a las obras de Rossetti o Millais. Sin embargo, no se queda sólo con estas referencias y bebe también de la obra del japonés Hokusai, claramente identificable en el dibujo de las olas; Lacombe asimila y reinterpreta con gusto el estilo de estos artistas para adaptarlo a la historia, imprimiendo al mismo tiempo su sello particular, dando a luz a un maravilloso álbum ilustrado cuyos dibujos son, sin ninguna duda, dignos de museo.


Ondina es una historia triste, sorprendente, cargada de melancolía y de belleza; un cuento muy especial que no se corta en hablar del lado oscuro del amor. La primera vez que lo leí me quedé algo desconcertada, pues creía no estar comprendiendo exactamente lo que estaba sucediendo... Pero, al leerla en castellano me he dado cuenta de que no estaba equivocada, que mi percepción era correcta y que definitivamente no era una historia tan infantil como había imaginado, sino más bien un relato adulto, trágico, intenso, que nos deja de regalo interesantes pensamientos.  Ondina es una fábula hermosa que apreciarán especialmente aquellos que disfruten de las imágenes tanto como de las letras; también es una obra de arte que ningún amante de los libros se cansará nunca de contemplar y que merece un lugar privilegiado en nuestra estantería.

Caballero, admiro tu devoción                                                                                      ¡Defiende siempre a tu gentil esposa!                                                                                     No temas su causa, pues será honrosa                                                                                   Ámala y guárdale tu corazón.
Sofadicta LePetitHérisson por Nymeria