El jardín de la memoria.

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Cáncer y Holocausto. Viudez y orfandad. Tratamientos paliativos. Muerte. Creo que hay pocas palabras peores que estas en nuestro idioma, pues todas tienen como común denominador el dolor, ya sea por lo vivido o por lo sufrido. Normalmente evitamos enfrentarnos a estos temas, o por lo menos a todos a la vez: en el caso de la literatura o el cine, por ejemplo, ya es suficientemente dura una trama sobre los campos de exterminio para a ello añadir una enfermedad tan cruel; no solemos ser tan masoquistas. No tuve en cuenta todos estos factores cuando decidí leer El jardín de la memoria, de Lea Vélez, y menos mal, porque quizás mis prejuicios me hubieran impedido acercarme a un libro sin igual. Hice caso a mi libreta de recomendaciones a la hora de buscarlo en la biblioteca y se ve que  me olvidé la trama, pues probablemente de haberme acordado habría demorado su lectura. Pero el impacto que me produjeron las primeras páginas de esta historia me impidieron huir de un retrato tan descarnado, que me llevó a vivir una de las experiencias literarias más intensas de los últimos años.

cementerio inglés

En El jardín de la memoria encontramos tres historias que se van entrelazando: la principal es la de cómo Lea (la autora del libro) y su marido George se enfrentan a la muerte inminente: a George le han diagnosticado un cáncer terminal y les queda poco tiempo para estar juntos. Alrededor de esta trama central discurren dos hilos que pueden parecer poco relacionados con el drama del matrimonio protagonista, pero que tienen mucho que ver: uno es la recopilación de recuerdos de los Collinson (la familia de George) a través de los cuales Lea quiere conocer mejor el pasado de su familia política, pues no entiende por qué la ley del silencio se ha extendido sobre la muerte de Stephen, hermano de George que falleció siendo niño. A través de cartas, objetos, fotografías y anécdotas que le cuenta su marido, Lea intenta comprender mejor la dinámica familiar de los Collinson, su dolor tantos años enterrado, la manera tan radical que tuvieron para sobrellevar la pena, que fue hacer como si nunca hubiera pasado nada... Por otro lado tenemos la investigación que Lea hace sobre el fotógrafo Francesc Boix, un exiliado de la Guerra Civil que fue deportado a Mauthausen, donde presenció el horror nazi: Boix consiguió ocultar imágenes de lo que pasaba en el interior del campo que, una vez finalizada la II Guerra Mundial, fueron cruciales para los Juicios de Núremberg, en los que el joven prestó declaración.


No se puede hablar en esta obra de personajes, sino de personas, pues está basada en las vivencias de la propia autora. Yo no conocía este dato cuando empecé a leer el libro, pero al poco de estar entre estas páginas comprendí que lo que allí estaba escrito debía ser real: el relato es totalmente honesto, auténtico, no pretende ser una novela intimista, sino el testimonio de una cuenta atrás. En estas páginas he percibido la entereza de una mujer fuerte, la dignidad de un hombre que sabe que está condenado pero que quiere vivir sus últimos momentos con toda la plenitud emocional que pueda y un amor enorme, lleno de pequeños gestos y acciones cotidianas que es lo que realmente importa en momentos tan extremos. Muchos de los sentimientos de los personajes los comprenderemos mejor gracias a las tramas paralelas que complementan la historia principal: por un lado, reconstruir la vida del pequeño Stephen, un niño muy inteligente y vital al que el cáncer se llevó en su infancia y cómo eso afectó a sus padres y hermanos nos sirve para entender la actitud tan honesta que mantiene el matrimonio a la hora de afrontar este trance: no se les esconde la enfermedad a los hijos de la pareja, que participan plenamente de los últimos momentos de la vida de su padre, con la intención de que asuman su partida de forma "natural", minimizando el trauma en lo posible. La historia de Francesc Boix es casi un espejo en el que se mira Lea: como él, vive el horror, como él, recopila los vestigios de una existencia frágil, como él quiere salvaguardar la memoria. Este paralelismo no está forzado, sino que es fruto de la sólida investigación que hizo la escritora sobre Boix y que precisamente compartió con su marido poco antes de fallecer, razón por la cual dicha trama también forma parte de la narración.

La persistencia de la memoria, Salvador Dalí

La autora escribe este libro desde el corazón; su estilo es cuidado y sencillo, pero éste queda en un plano muy secundario ante la magnitud de la historia. Las tres líneas argumentales que conforman el relato se van trenzando de una manera natural, que hacen que la trama discurra elegantemente. Aunque el libro mantiene las emociones a flor de piel, quiero dejar bien claro, por muy extraño que pueda parecer, que no se trata de una historia triste, sino vitalista: los protagonistas han decidido vivir sus emociones plenamente y compartirlas con sus hijos pequeños con el  fin de hacer cosas significativas, pasar juntos momentos enriquecedores, crear recuerdos de valor. No he sentido como lectora que Lea Vélez quisiera transmitir lástima o pena, sino alegría de vivir: lograr esto ha de ser realmente complicado dadas las circunstancias y me parece digno de admiración. 

El árbol de la vida Gustav Klimt

Muy pocas veces me he encontrado con un libro tan honesto como El jardín de la memoria. No se trata de una lectura pasajera, para leerla sin pretensiones, sino todo lo contrario, pues trae a la mente demasiados recuerdos, ideas, opiniones que necesitan tiempo para ser procesadas. Admiro  a la autora por haber sido capaz de compartir una vivencia tan íntima y que, además, adjuntara otras dos historias semejantes igual de emotivas y totalmente pertinentes, conformando todo el conjunto un bonito retablo sobre lo bello que es vivir plenamente y la importancia de coleccionar momentos valiosos e inolvidables. Leer este libro es una decisión muy personal, pues estamos hablando de una obra que puede remover más cosas en nuestro interior de las que quisiéramos... Pero también nos mostrará maneras de enfrentarse a los monstruos del destino con mucha paz interior, sin dejar a un lado los sentimientos o la esperanza. 

Yo no soy valiente. La gente me dice que lo soy. Me lo dicen tantas veces que me hacen dudar Pero no, no lo soy. Siempre me he considerado cobarde. Nunca me ha gustado arriesgar. Temo al peligro. Temo al que dirán. Me da miedo preguntar por una dirección en la calle. Valiente es irse a al frente con dieciséis años con una cámara como única arma, siguiendo los pasos de Robert Capa o cualquier otro famoso fotógrafo de guerra. Boix dejó su casa y su familia y se marchó a la guerra. Aunque puede que eso no fuera valiente sino osado. No es lo mismo, supongo. No sé. Por osadía o por valor, Francesc Boix se lanzó a su destino y comenzó el principio de una aventura en la que siempre cabría la esperanza. ¿Que cómo lo sé? Porque la esperanza es lo último que se pierde. Doy fe. De hecho, la esperanza nunca se pierde, ni siquiera cuando se pierde.

El devorador de calabazas.


Estuve varios meses sin visitar la biblioteca porque me dolía entrar en el edificio: paredes desconchadas, muebles deteriorados, libros perdidos... Cada vez que me pasaba por allí, me daba cuenta de que había un trabajador menos, de que el horario se había reducido, de que los niños no escucharían más cuentos entre aquellas paredes... En las antiguas estanterías de novedades se posaba el polvo mezclado con las páginas amarillentas de alguna novela promocional que algún periódico ofreció muchos años atrás, sacada del baúl de los recuerdos... Los usuarios que antes llenaban la sala, tropezándose por los pasillos y haciendo cola para pedir su turno en los pocos ordenadores que quedaban libres habían menguado dramáticamente, dejando su hueco a los estudiantes ocasionales que ocuparían las mesas unos pocos días para no regresar hasta el nuevo trimestre. Más que ir a una biblioteca, sentía que acudía a un cementerio y esa idea me ponía triste. A principios de este año me vi en la obligación de regresar otra vez  a aquel antiguo templo de felicidad en ruinas y me llevé una grata sorpresa: al parecer algún mago o hada madrina escapó de los libros allí guardados y transformó la decadencia en renacimiento; a pesar de que aún se podían apreciar las heridas de guerra tras un largo tiempo de abandono, el lugar volvía a ser un animado sitio en el que a cualquiera le apetecía pasar el rato. No pude dejar de fijarme en las nuevas estanterías cargadas de libros por estrenar, ni pude evitar llevarme a casa todos los que pude: una de las obras secuestradas fue El devorador de calabazas, de Penelope Mortimer, una novela que llevaba algunos meses en mi lista de deseos y que no podía pasar por alto, no fuera a ser que esta maravillosa biblioteca que ante mí se aparecía no fuese otra cosa que un espejismo transitorio hijo de una mente ilusa.


La señora Armitage quiere ser madre, un deseo nada disparatado para una mujer casada de mediados del siglo XX. Sin embargo, nadie opina que sea buena idea que la señora Armitage traiga a una criatura al mundo e incluso le recomiendan que acuda al psiquiatra para hacérselo mirar; quizás tenga mucho que ver que nuestra protagonista ya ha parido anteriormente a varios hijos, tantos que parece que ni ella misma lleva la cuenta... Para el cuarto marido de la señora Armitage, Jake, el deseo de su esposa es sencillamente una locura y hará todo lo posible por persuadirla: él no quiere más hijos, está cansado de trabajar para tantos niños que ni siquiera son suyos. Para la señora Armitage, el embarazo es el único estado en el que puede ser feliz: sólo durante esos nueve meses de gestación siente que es una persona importante, fuerte y completamente realizada. El devorador de calabazas es un desgarrador  relato sobre la vida conyugal y la complicada situación de una mujer que quiere ser feliz en una sociedad machista, en la que no tiene ni voz ni voto y en la que ha de plegarse a los deseos de los demás mostrando siempre una sonrisa, aunque por dentro se esté muriendo de infelicidad y desesperación.


La señora Armitage (cuyo nombre de pila nunca conoceremos) se nos presenta como un personaje complejo y lleno de contradicciones: por una parte podemos pensar que es una mujer algo alocada e inconsciente, pues ha ido coleccionando hijos y maridos como si fueran cromos, sin darle demasiada importancia al compromiso que supone formar una familia pero, por otro lado, la vemos como una esposa que idolatra a su último marido, Jake, que lo quiere complacer en cada capricho, a pesar de que él no es todo lo perfecto que cabría esperar. Una mujer obsesionada con pasar más tiempo con su esposo, demasiado ocupado con su trabajo y con su éxito como guionista de cine: la señora Armitage añora esos primeros años de matrimonio, cuando ambos eran una familia numerosa pobre pero feliz: ahora pertenece a una clase media acomodada y tiene todo lo que pueden desear pero está absolutamente insatisfecha con una vida en la que no es más que un florero y un matrimonio que hace agua por todas partes. Mortimer también retratará sutilmente a Jake, mostrándonos a un hombre extremadamente manipulador y egoísta que siempre termina consiguiendo lo que quiere, aunque esto implique mentir y hacerse la víctima. La compleja relación entre estos personajes y la salida a la luz de sus verdaderos caracteres será el nervio que recorra toda la novela y que mantendrá al lector expectante, pues los vaivenes emocionales de los protagonistas logran atravesar su realidad de papel.


El devorador de calabazas está escrito con un estilo sencillo y franco pero no carente de profundidad: Mortimer no resulta rebuscada a la hora de expresar lo que quiere transmitir, sino que hace uso de la claridad más absoluta, que en ocasiones puede resultar hiriente. La historia de la señora Armitage la iremos conociendo a través de sus conversaciones con el psiquiatra al que su marido y sus padres le obligan a acudir para tratar esa obsesión por traer hijos al mundo, y también desde su propio punto de vista, cuando nos haga partícipe de recuerdos de su pasado y nos invite a presenciar sus conversaciones con Jake. Los diálogos de esta novela son concisos y directos, muchas veces cargados de amargura y reproche, otras de adulación y desconsuelo. El clima que evoca la autora es claustrofóbico, asfixiante y nos hace empatizar con la soledad de la señora Armitage, aunque evita presentárnosla como una mártir: aunque ella es la más débil de la pareja, no se disfraza su parte de culpa en esta situación. La manera en la que Mortimer desarrolla esta historia, a primera vista común y corriente, es realmente brillante: puedo decir que es uno de esos libros que no te apetece dejar de leer, no por que enganche, sino por la intensidad de lo que cuenta y, cuando no lo tienes entre manos, es normal que tus pensamientos acudan a estas páginas, reflexionando sobre lo que le sucede a ésta pareja, por qué le ocurre y qué haría uno en su situación. 


El devorador de calabazas es una lectura reflexiva, que hace que nos planteemos, entre otras muchas cosas, el papel de la mujer en la sociedad y la anteposición de los deseos de los demás a los propios. Aunque a lo largo de las líneas que componen esta novela prevalece un poso de amargura y pesimismo, me ha gustado mucho su lectura, pues es un libro diferente a lo que podemos encontrar hoy en día en cualquier librería o biblioteca, nos plantea cuestiones incómodas y nos invita a escarbar dentro de nosotros mismos para encontrar respuestas. A pesar de haber sido escrito en la década de 1960 me ha parecido un libro rabiosamente actual, pues gran parte de las cosas que vive y siente la señora Armitage no han cambiado tanto con el paso de los años: desgraciadamente, muchas de las expectativas que se tenían sobre una mujer hace cincuenta años se siguen manteniendo ahora y otras, aunque parecen superadas, saltan a la luz en lo que se escarba un poco. Creo que este libro hay que leerlo sin saber demasiados detalles de la trama (no entiendo por qué muchas reseñas destripan algunos aspectos fundamentales de la misma) y con el espíritu crítico con ganas de juerga: con estos elementos presentes les aseguro que la lectura de El devorador de calabazas será una experiencia de lo más enriquecedora. 

- Nada importa ahora, supongo. Pero hay algo que sí.
- Claro que algo importa. El futuro.
- No. No el futuro. La verdad.
- ¿Es que no lo ves? Antes de que te enterases de la verdad, éramos felices. ¿De qué sirve averiguar continuamente la verdad? La verdad siempre es desagradable.
- ¿Solo las mentiras son agradables?
- Por lo general. Por eso la gente miente. Para hacer la vida soportable.
- Sí. Ya lo veo.

Todo lo que (nunca) te dije lo guardo aquí.

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De un tiempo a esta parte he sido testigo de un fenómeno que me ha llamado mucho la atención: el nacimiento virtual de numerosos personajes de ficción que, una vez convertidos en fenómenos en las redes sociales se metamorfosean en seres de papel, dispuestos a ganarse también el corazoncito de los lectores más tradicionales. Pasó con La Volátil, también con Moderna de Pueblo y ahora me entero que se suma alguien más a este carro, una ilustradora que seguía desde hace un tiempo a través de Facebook: Sara Herranz. Me llevé una grata sorpresa cuando me ofrecieron leer Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí porque no tenía ni idea de que la ilustradora había dado el salto al papel;  me hizo ilusión porque sus dibujos me encantan e incluso a veces los he elegido para describir estados de ánimo propios... Sin demasiada idea de lo que iba a encontrar entre estas páginas, me acomodé para conocer la vida en blanco, negro y rojo de la muchacha que me miraba desde la portada, con el deseo de que me llegaran tanto sus vivencias como las de su homónima 2.0.


Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí es el relato de una joven que llega en septiembre a la gran ciudad, donde  se siente algo sola y perdida... quizás eso es lo que la lleva a desear algo de drama pero, sobre todo, a querer encontrar  al gran amor de su vida. Y, tras unos comienzos titubeantes en los que bares, cervezas y resacas la acompañan en su búsqueda, lo conoce a él, un chico que parece tenerlo todo y con el que combina a la perfección; vamos, el gin de su tonic. Nuestra protagonista nos va contando, en un tono intimista y algo poético, cómo nace, crece y se desarrolla esa relación, y también nos  habla de crisis, de desamor, de cómo recomponer un corazón roto y de segundas oportunidades. A través de este breve relato bellamente ilustrado, la autora combina perfectamente imágenes y textos, balanceando una trama que, como la vida misma, está llena de altos y bajos, de aciertos y errores que hacen de esta obra el retrato perfecto de un trozo de biografía humana.


El mayor peso narrativo y emocional de este libro lo cargan las imágenes que lo conforman, unos bellos dibujos bicolores, minimalistas, de trazos diáfanos y líneas muy marcadas que expresan todo un mundo a pesar del agudo contraste del blanco y negro, que impide que sombras de gris u otros tonos tengan  hueco en las ilustraciones. Tan sólo algunos chispazos de rojo tienen presencia en estos dibujos, siendo su función la de subrayar la carnalidad de esta trama; aunque no lo he comentado antes, esta obra rezuma sensualidad por los cuatro costados y esos toques de carmín, esos puntos escarlata que vemos aquí y allá inciden precisamente en este aspecto.


He disfrutado bastante de la lectura de Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí en todos los sentidos:  me ha parecido un álbum precioso en el que una historia mínima se combina perfectamente con unas imágenes que la engrandecen y la dotan de sentido y profundidad. Quizás peca un poco de regodearse en el rollito hipster, lo que puede molestar a quien no comulgue demasiado con esa onda, pero al final la historia que cuenta es aplicable a cualquier persona, en cualquier ciudad, que esté atravesando una situación emocional similar a la de nuestra protagonista. Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí es una estupenda novela gráfica que gustará a los que quieran investigar sobre las dos caras del amor y a aquellos que se regodeen disfrutando de unas bellas imágenes que son tan mínimas como efectivas. 

No somos la típica historia de amor. Somos los héroes de la resistencia del asfalto, los que no celebran aniversarios y comparten cervezas y resacas. Somos la típica historia de amor de la que hablan todas las (buenas) canciones.
Agradezco a  Lunwerg Editores el envío del ejemplar.

Felices los felices.


Reseña opinión libro Felices los felices Yasmina Reza

Siempre se habla de la superficialidad del lector al elegir una novela por su portada: está claro que este elemento es lo primero que entra por los ojos y que puede determinar muchas de las compras de una mesa de novedades abarrotada de libros, en la que el más guapo casi siempre se lleva el gato al agua. Pero, ¿y qué hay de la superficialidad de elegir una obra por el título? No sé si soy la única a la que le pasa, pero a veces mirar la sugerente denominación que el autor ha otorgado a su novela y querer leerla es todo uno, aunque no tenga ni idea de lo que va la historia. Esto me sucedió con el libro que les traigo hoy: sin haber leído ninguna reseña sobre la obra ni tener más experiencia previa con Yasmina Reza que el visionado de la película Un dios salvaje (basada en una obra suya de teatro), Felices los felices me atraía irremediablemente por la sonoridad de su nombre. Qué tontería - dirán ustedes - no es que sea un título especialmente bonito u original, pero para mí tenía unas resonancias poéticas que se vieron confirmadas cuando descubrí que la frase estaba sacada de Fragmentos de un Evangelio Apócrifo, de Jorge Luis Borges, un curioso manifiesto sobre lo divino y lo humano que les recomiendo leer. Sin más pistas que estas, decidí elegir esta obra como una de mis primeras lecturas del año, con la esperanza de que el periplo por estas páginas fuera tan feliz como prometía el título.

Problemas de pareja

"Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor. Felices los felices", dice Borges en el texto que sirvió de inspiración a Reza para titular, muy apropiadamente, a su obra. Y es que Felices los felices es un libro que habla sobre felicidad, infelicidad y alrededores: cómo dieciocho personajes, muy distintos entre sí, viven sus relaciones interpersonales, expresan su visión del mundo, se enfrentan a la soledad, a la incomprensión, al que dirán, a la locura... A través de veintiún capítulos narrados desde diferentes puntos de vista, nos acercaremos a la psique de los protagonistas por medio de escenas aparentemente banales, pero que acaban revelando mucho más de lo que parece a primera vista. A medida que vamos conociendo nuevos narradores, la trama gana en tridimensionalidad, pues van apareciendo nuevas piezas del puzzle que tendrá que encajar el lector si quiere apreciar una panorámica completa: detrás de cada individuo hay todo un telón de fondo lleno de matices que tendremos que ir componiendo con los retazos que nos deja cada uno, para así conseguir apreciar la obra en su conjunto y poder sacar nuestras propias conclusiones.

Céline Dion

Yasmina Reza realiza un fascinante trabajo a la hora de dibujar a sus personajes: cada capíulo comienza con el nombre de su narrador y la autora logra meterse íntegramente en la piel de cada uno de ellos, de manera que al lector le parezca verosímil: en un alarde de personalidad múltiple, Reza es capaz de acercarnos  al punto de vista de hombres y mujeres de todas las edades y con bagajes de lo más variados, desde adictos al bridge, a adúlteros, sadomasoquistas, fans acérrimos de Céline Dion, gays encerrados en el armario, actrices despechadas... Todos ellos son "gente bien", personas aparentemente felices detrás de cuya fachada se almacenan todo tipo de miserias que en la mayoría de los casos tapan con abundante capas de falsedad, ocultando esos sentimientos incluso a quien está más cerca, a sus parejas, familiares y amigos. 

Variedad de quesos

En cuanto al estilo de la autora, he de decir que se nota su experiencia en el mundo del teatro, pues a lo largo de la lectura he tenido la sensación de que esta novela se prestaría muy bien a una interpretación de carne y hueso, de hecho, quizás sea así como mejor se aprecie la complejidad de sus personajes. Los veintiún capítulos que componen este libro funcionan perfectamente como relatos independientes: son cortos, retratan muy bien la personalidad de su protagonista y cuentan historias diferentes entre sí, anécdotas más o menos triviales de la vida de cada uno que, en principio, no tienen relación aparente. A medida que avanzamos en la trama nos damos cuenta que dichos microcuentos están salpicados de detalles que hace referencia a otros personajes cuya historia hemos leído o leeremos más adelante, y creo que  esta característica es la que le permite a esta obra ser catalogada como novela, pues al final esos pequeños puntos en común son los que dan la coherencia necesaria para plantear esta narración como un todo. Me ha gustado la manera en que Reza ha ido tejiendo con inteligencia cada relato, dejándonos cabos sueltos para que cada lector los ate como prefiera, pero reconozco que algunas historias y conexiones me parecieron algo forzadas y no las disfruté del todo.

Adulterio

Felices los felices es un libro que invita a la reflexión, que no aspira a gustar a todo el mundo y que puede resultar algo cargante a quienes no le interesen en absoluto los dramas del primer mundo de unos cuantos pijos parisinos... Dentro de cada anécdota cotidiana vivida por los personajes ideados por Yasmina Reza encontramos diferentes tipos de infelicidad que puede parecer más o menos justificada a nuestros ojos, pero que es todo un mundo para los diferentes protagonistas. Creo que el carácter tan particular de la novela, que mezcla introspección y honestidad brutal, y la forma fragmentada en la que está contada la historia puede desanimar a muchos a darle una oportunidad  y no seré yo quién les haga cambiar de opinión, pero a mí esta obra me ha terminado ganando por su ironía, por el agudo análisis psicológico que hace de los personajes y por la feroz crítica a la sociedad hipócrita en la que vivimos inmersos. Como ya dijo Tolstói, "todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera" y Felices los felices no hace más que confirmar esta teoría.

Loula me pidió que le hiciera una lista de cosas que me irritan en una chica. Le dije que la lista era infinita.- Adelante. Dije que la chica lleve un peinado gilipollas. Que lo analice todo. Que sea caótica. Que sea militante. Que sólo tenga amigas. Que le guste Justin Timberlake. Que tenga un blog. Loula se rió. Dije, que no sepa reírse como usted.

Vinieron para quedarse... (XXI).


Hola a tod@s!

Los amantes de los libros podemos llegar a tener un puntito obsesivo, por lo menos a mí me pasa; nunca hay suficientes ejemplares en la estantería aunque tengas un millón de cosas por leer. Un hogar con libros es un hogar feliz y no hay mejor decoración para una pared desangelada que un mueble repleto de historias de todas formas y colores... Sin embargo, llega un momento en el que por causas X o Y hay que echar el freno a las compras compulsivas y pensar más con la cabeza a la hora de adquirir nuevas novelas, y yo estoy justo en esa fase: no tengo ni el dinero ni el espacio que me gustaría para llenar mi vida de páginas y he decidido ser más austera en cuanto a mis inversiones bibliográficas. Reconozco que no está siendo nada fácil, pues me encanta visitar librerías y muchas obras me hacen ojitos para que me vaya con ellas... Pero mientras la biblioteca pública a la que acudo siga estando surtida, voy a nutrirme principalmente de sus fondos. Esta larga explicación viene porque son poquitos los libros físicos que, en febrero, vinieron a casa para quedarse... Se los muestro a continuación:


Aquí están los últimos tomos de papel que se han sumado a mi colección, gracias a dos envíos editoriales. Por una parte tenemos Seraphina, de Nocturna Ediciones, un libro PRE-CIO-SÍ-SI-MO que me tiene embobada: la edición es super coqueta, con sus letras doradas y sus capitales ilustradas, y el argumento pinta genial para frikis como yo: fantasía, dragones, intrigas políticas... Una droga que me viene de perlas para paliar el mono que produce la espera de más libros de George R.R.Martin, que no se decide a sacar el sexto tomo de Canción de Hielo y Fuego. Por otra parte, Hermida Editores me presentó Cuentos Fantásticos, de Horacio Quiroga y en lo que investigué un poquito sobre esta obra los ojos me hicieron chiribitas: aunque tienen un punto de terror, género del que normalmente huyo, las comparaciones con Poe, con el que he tenido buenas experiencias y las referencias a la fantasía y la locura pesaron más y me convencieron de darle una oportunidad; es un libro muy breve del que espero disfrutar mucho.


Aunque libros físicos llegaron pocos, he decidido mostrarles los ebooks nuevos que he adquirido durante los últimos meses y que me he despistado de mostrar en anteriores entradas recopilatorias: ese es el peligro de estas novelas, que a veces me olvido de ellas al no verlas ocupando un espacio real. En primer lugar tenemos La morada de Dios, un libro que muy amablemente me hizo llegar su autor, José Mª Cuenca y que pinta genial: me encanta el género histórico y creo que lo disfrutaré mucho, así que espero no tardar demasiado en hincarle el diente. Kiwanda, confesiones de un gorila adolescente me lo facilitó también su autor, Leo Pemán, que me prometió una lectura ágil y más profunda de lo que puede parecer a primera vista, así que me pica la curiosidad. Nuestro común amigo, de Charles Dickens, es un clásico del que llevo detrás mucho tiempo: me apetecía comprarme una buena edición en papel, pero las que he encontrado en castellano están a unos precios prohibitivos... Este ebook lo conseguí en Amazon por 99 céntimos, así que no me puedo quejar: ¡cruzo los dedos para que la traducción no sea un desastre! Idus de julio, de Felipe Ortín, fue un libro al que llegué de casualidad: una amiga del mundo off-line, que no suele leer asiduamente, lo recomendó con mucha pasión, así que decidí sumarlo a mi lista de pendientes: no tiene prioridad, pero me apetece saber qué esconden sus páginas. Por último me hice con Exégesis, que en realidad es una recopilación de textos de Alejo Cuervo, editor de Gigamesh: en Facebook ofrecieron 500 descargas gratuitas del libro y me dije a mí misma ¿por qué no?

Pues nada más, amig@s, ¡esto es todo! Ya ven que la entrada de hoy es discretita y sin demasiado de lo que presumir, pero me temo que así va a seguir la cosa por un tiempo (aunque me encantaría equivocarme, jejeje). Y, ¿ustedes qué? ¿Muchos libros nuevos a la vista? ¿Siguen comprando como si no hubiera mañana o están en modo rehabilitación, como es mi caso? ¿Alguno de los que les muestro les tienta? Abrazos! ;)

Previously... (XIV).


Hola a tod@s!

Febrero ha sido un mes muy pero que muy lioso: parecía que iba a pasar rápido, que para eso es tan cortito, pero no, pa´rriba y pa´bajo que he estado todo el día con asuntos varios. Esto ha hecho que apenas tenga tiempo para sentarme a redactar reseñas, aunque, por otro lado, ha servido para que otros contenidos hayan visitado mi blog, dándole un poquito de variedad, lo que tampoco está nada mal. ¿Les apetece que repasemos juntos cómo fue el mes en El lado frío de mi almohada? ¡Comencemos!


Lo reseñado:

Pues, como he comentado antes, pocas reseñas de libros cayeron este mes en el blog, tan pocas, tan pocas que sólo fue una: la "afortunada" fue Guía del autoestopista galáctico, una novela sobre la que tenía  grandes expectativas que no se cumplieron del todo. Otro tipo de contenido vino a habitar las páginas de esta bitácora: entre algunas entradas de celebración y otras algo más reivindicativas, hubo espacio para hablar de pelis (muchas pelis) y de libros peculiares: con la excusa de los Oscars hubo ración doble de cotufas para hablar de todas las nominadas y también les presenté el Kakebo como libreta de cuentas a tener muy en cuenta. Si echaron de menos que hablara más de literatura, les dejé una pildorita en la página de Facebook del blog, donde hice hueco a una nueva microrreseña: en esta ocasión le tocó el turno a La espada de los cincuenta años, un relato con una edición de lo más curiosa que hará las delicias de los amantes de las historias para no dormir.


Lo leído:

Sinceramente, durante febrero dejé la lectura en un segundo plano: al llegar tan cansada a casa sólo tenía ganas de ver alguna peli y dejarme llevar, así que eso de "esforzarme" en unir palabras e imaginarme una historia no era lo que más me apetecía. Aún así, me adentré en algunas novelas que me gustaron mucho y me hicieron pensar, como El jardín de la memoria, una increíble historia de amor y pérdida que me conmovió hasta el tuétano. También me llevaron a la reflexión dos obras metaliterarias, muy distintas entre sí pero unidas por el amor a los libros: Como una novela, un ensayo sobre el placer de leer y Una soledad demasiado ruidosa, un librito breve que habla de un amor por los libros que linda con la locura. Aproveché los ratos libres para terminar El príncipe de los piratas, una novela de aventuras en alta mar que me vino muy bien para desconectar y soñar con tesoros ocultos y peripecias legendarias...


La viñeta lectora del mes:

No sé qué fue lo que me hizo elegir esta imagen como viñeta del mes: supongo que mis lecturas metaliterarias influyeron para reivindicar el placer de leer por leer, sin pretender nada más que pasar un muy buen rato. Porque el pingüino de la imagen (¿es un pingüino, verdad?) nos dice algo así como "Lee libros que te hagan feliz, incluso si no son clásicos o novelas académicas ganadoras de premios". Me gustó la frase porque reconozco que a veces he sentido cierto complejo de inferioridad por no leer tantas obras maestras como debería y creo que es estúpido tener esa sensación: el pajarito me recuerda que lo importante es disfrutar  con lo que lees y apasionarse por la lectura, sea mediante obras culturetas u otras de usar y tirar; cada lectura tiene su momento y lo importante es alimentar al pequeño monstruito de la satisfacción con nuevas historias, alegres o tristes, pero que te hagan sentir vivo y feliz por haberlas conocido.

Pues, ¡esto es todo, amig@s! Espero que para ustedes febrero haya sido un mes maravilloso lleno de relatos inolvidables y que marzo sea aún mejor: ¡cruzo los dedos para que, en mi caso, esté lleno de muchas y variadas lecturas que disfrutar y compartir! Abrazos ;)


El príncipe de los piratas.


Dicen que la vida pirata es la vida mejor... y, ¿qué quieren qué les diga?, ¡pues ha de ser cierto! Independientemente de su brutalidad y su mayor o menor ignorancia, ser pirata siempre ha sido sinónimo de libertad, de ponerse el mundo por montera, de hacer lo que uno quiera sin tener que dar explicaciones a nadie. Evidentemente esta visión está marcada por el Romanticismo, que convirtió a los piratas de villanos en héroes, conformando el retrato mental que tenemos de estos personajes históricos actualmente. A mí la figura de estos bandoleros de los mares siempre me ha interesado; supongo que algo tendrá que ver vivir en una isla que ha sufrido graves ataques piráticos pero que también ha sido cuna de insignes corsarios... Y, a pesar de todo, nunca he leído un libro de ficción centrado en las peripecias de estos personajes. Cuando la Editorial Algaida me presentó El príncipe de los piratas, de Edmundo Díaz Conde, lo tomé como una oportunidad para estrenarme en la "literatura bucanera": el libro pintaba bien y yo le tenía muchas ganas... Lamentablemente, lo empecé en una mala época y me vi obligada a aplazar su lectura hasta hace unas semanas, cuando me entraron unas ganas locas de, con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, vivir una aventura repleta de acción, saqueos y botellas de ron allende los mares.


El príncipe de los piratas nos cuenta la historia de Íñigo de Santa Cruz, un temible pirata español que sucumbe al chantaje: condenado a morir, Íñigo es rescatado de la cárcel con la condición de participar en una importante operación pirática capitaneada por el mítico corsario inglés Henry Morgan. Íñigo, en principio, no está dispuesto a colaborar: ha decidido dejar la vida errante de filibustero para estar más cerca de su hija, una niña de apenas 9 años a quien desea ver crecer a pesar de los impedimentos que le pone la madre de la criatura. Además, el plan de Morgan supondría atacar a su propio país, lo que le genera ciertas dudas morales... Pero, ante la amenaza de que su negativa suponga algún daño para su hija accede a participar, embarcándose rumbo al Caribe en su navío, El príncipe del mar, junto con su tripulación, compuesta por marinos de la peor calaña. La maquinación del plan, la convivencia entre corsarios, los debates frente al Consejo de Ancianos de Isla Tortuga (única autoridad pirata) y alguna que otra sorpresa inesperada para nuestro protagonista plagarán las páginas de esta novela que pretende trasladarnos a ese momento del siglo XVII donde comienza el ocaso de la Monarquía Hispánica, acosada por la guerra tanto por tierra como por mar.


El protagonista de El príncipe de los piratas, Íñigo de Santa Cruz (Lefthand para los amigos) en un principio no me cayó demasiado bien: me pareció un personaje plano, sin una carácter demasiado marcado y que aportaba poco de su cosecha al retrato tradicional del héroe trágico. Sin embargo, a medida que avanzaba la trama fueron saliendo a la luz sus motivaciones y traumas, culpables de su personalidad desconfiada, lo que le dio al personaje cierta profundidad de la que creí que adolecía. El autor decidió que viviera su última aventura pirata con uno de los más conocidos de todos los tiempos, Henry Morgan, el temible corsario inglés que azotó las costas españolas a lo largo de varias décadas. Morgan es perfilado, desde mi punto de vista, con bastante simpatía: aunque muchas veces es cruel y expeditivo, se nos muestra también casi como una figura paternal, un hombre inteligente y muy ambicioso que comienza a sentir verdadero cariño por Lefthand, en parte porque éste último le salva la vida en un par de ocasiones. Tendremos también en este libro un malo malísimo (John el Duque), que quiere eliminar como sea a Santa Cruz y una serie de personajes secundarios, miembros de la tripulación del barco, cuyas intervenciones puntuales en momentos decisivos nos mantendrán en vilo. Como no, también hay lugar para el amor: pululará por estas páginas la bella Elena, una muchacha valiente y decidida que derretirá el corazón de nuestro héroe... Aunque advierto a los más romanticones que ésta es una trama paralela a la principal, que es la búsqueda de un mítico tesoro escondido en la inexpugnable ciudad de Panamá.


El estilo de Edmundo Díaz Conde en esta novela es muy sencillo: la narración es fluida y se ve salpicada de palabras y expresiones arcaicas, supongo que para dotar de verosimilitud a la trama. Personalmente éste es un recurso que me chirría, pues lo veo descontextualizado, pero que conste que no me pasa sólo con ésta novela, sino con cualquiera que lo utilice: no me parece natural que la acción y los diálogos se desarrollen con el vocabulario de nuestros días y de repente se añadan expresiones y recursos literarios antiguos (algunos escritores lo integran bien pero en la mayoría de los casos que me he encontrado queda raro). El libro se estructura en un prólogo, lo que yo considero un epílogo dividido en dos y tres grandes partes en las que se concentra la acción que, a su vez, se fragmentan en varios capítulos. La acción va creciendo a medida que nos adentramos en la trama: al principio resulta un poco difícil engancharse, pero en lo que se reúnen los piratas y se inicia el plan de saqueo a la ciudad, todo fluye como la seda: a partir del último tercio de la novela la acción es trepidante y consigue mantener al lector pegado a sus páginas.


 Aunque en el argumento de El príncipe de los piratas nos encontraremos con algún chispazo "sobrenatural" que quizás nos descoloque, hay que decir que, en general, la historia es bastante clásica y predecible: no estamos ante un libro que pretenda revolucionar el género de aventuras ni el histórico, sino que aspira a entretener. Las referencias históricas a las que acude la novela (Henry Morgan, la isla de Tortuga, el saqueo a Panamá...) están bien perfiladas y se notan auténticas, aunque, evidentemente, el autor las ha reconvertido para adaptarlas a su relato. En definitiva, El príncipe de los piratas es una novela con sabor a ron y sal que pretende hacernos soñar con búsquedas del tesoro y aventuras a raudales; se la recomiendo especialmente a aquellos que quieran desconectar del mundanal ruido con una trama haciendo suya la vida pirata, que, como dije al principio, es la vida mejor.

Os equivocáis, compañeros. España es mucho más que Madrid. ¿Y sabéis por qué? Porque Madrid no es casi nada. Porque no hay una España, sino veinte. Por eso no es España, sino las Españas. ¿O es que la Mezquita es menos nuestra que el Escorial?
Agradezco a la Editorial Algaida el envío del ejemplar. 

El poder de los blogs literarios.


En los últimos meses he recibido algunas propuestas de colaboración con mi blog literario que me han hecho reflexionar sobre el papel que jugamos tanto en internet como en el mundo editorial y he llegado a algunas conclusiones que me gustaría compartir. Que conste que este post nace de la hartura que me producen cierto tipo de mensajes, que no lo he pasado por ningún filtro y que refleja sólo MI OPINIÓN al respecto: no voy buscando polémica ni nada por el estilo. Sólo quiero dar rienda suelta a esos pensamientos que a veces rebotan en mi cerebro.


El primer tipo de colaboración del que hablo es más o menos así: el administrador de una página web que se nutre de contenidos ajenos contacta contigo para que participes en su innovador proyecto, vendiéndotelo como la panacea: tus posts llegarán a más lectores, te convertirás en la próxima blogstar y encima serás muy molón al participar en una iniciativa protagonizada por la gente de la calle, el ciudadano de a pie. Todo parece precioso... hasta que nos detenemos a analizar lo que de verdad proponen. El primer dato mosqueante es que se dirijan a ti como "estimado blogger", pues eso da inicio a un correo de lo más impersonal: en mi caso ni siquiera dieron muestras de haber entrado al menos una vez al blog, pues supongo que entonces se habrían molestado en escribir bien el nombre del mismo (no hablo de erratas, hablo de un nombre entrecomillado que se notaba a la legua que pertenecía a una base de datos, pues era el que tenía mi bitácora antes de comprar el dominio). Luego está el mensaje subliminal: ¿POR QUÉ LO LLAMAS COLABORACIÓN CUANDO QUIERES DECIR TRABAJA GRATIS PARA NOSOTROS? Y sí, hablo de TRABAJAR por una sencilla razón: aunque la mayoría de blogs literarios escriban por el puro placer de de compartir sus lecturas, sin recibir remuneración a cambio, colaborar con este tipo de páginas web supone REGALAR CONTENIDO A UNA EMPRESA QUE GENERA INGRESOS POR PUBLICIDAD. Porque sí, amigos, mientras uno "colabora" desinteresadamente, este tipo de webs se nutre diariamente de tus contenidos y de los contenidos de decenas como tú que hacen que dicha página esté bien posicionada en los buscadores, que reciba miles de visitas diarias y, por tanto, miles de clicks en publicidad, que hacen de este NEGOCIO algo muy rentable. Y ustedes me dirán: "bueno, sí, pero es un intercambio: nosotros proporcionamos las entradas y ellos nos dan visibilidad"... Me parece bien si lo ven así, pero a mí no me parece un trato justo: aunque es cierto que te citan y te enlazan a tu página web, estas referencias están tan camufladas que apenas son visibles. Además, y lo más importante, el lector no tiene necesidad de visitar tu blog, puesto que ellos han COPIADO Y PEGADO la entrada en su site y el usuario no tiene necesidad de acudir a la bitácora, así que por el lado del aumento de visitas tampoco le veo ganancias: para ellos es un win-win en toda regla y para nosotros... pues un engañabobos disfrazado de gran oportunidad. 


A ver, quiero dejar bien claro que cada quien hace con su blog lo que mejor le parece, que para eso es suyo, pero he visto algunos comentarios en las redes sociales al respecto que me han parecido de gran ingenuidad y los he atribuido al desconocimiento: NO ES NINGÚN PRIVILEGIO que una página web de este tipo (hay muchísimas en la actualidad) contacte con blogs de cualquier temática para llenar hueco y posicionarse bien. La mayoría de los que estamos aquí somos blogueros porque nos gusta leer y con suerte algunos ganan algo gracias a algún banner o programa de afiliación pero creo que no me equivoco cuando digo que escribimos porque nos apasiona la literatura y queremos hablar de ella. No me parece mal ganar dinero con nuestra bitácora, OJO, lo que sí me parece mal es que nos engañen: lo que no puede ser es que haya blogueros que se rasguen las vestiduras cuando un autor o editorial sugiera pagarles por escribirles una reseña, ya que ellos no son unos vendidos, y luego, por desconocimiento, regalen sus entradas a una empresa que ingresa dinero a espuertas gracias a la mano de obra gratuita que ha conseguido pintando esta colaboración poco menos que como ganar un Oscar. Desengáñate: aunque tengas el mejor blog del mundo (que no lo dudo), este tipo de empresas no te eligieron por tus cualidades, sino porque les faltaba rellenar un hueco con material que tú le ofreces. En el mundo del marketing digital hay una máxima que se repite muchísimo: EL CONTENIDO ES EL REY y a eso le dedican muchísimo dinero las grandes corporaciones: se crean blogs, newsletter,  se alimentan las redes sociales... Eso es un PUESTO DE TRABAJO (social media, community manager, gestor de redes, curador de contenidos, editor digital y un chorro de términos en inglés que no me apetece transcribir) que estos negocios online se ahorran al tener quien se los proporcione alegremente. Si tú estás de acuerdo con esa estrategia y quieres seguir "colaborando" de este modo no me parece mal, siempre que sepas el VALOR REAL de esa pequeña mención en gris de tu autoría y de ese enlace camuflado entre banners publicitarios a tu blog: cada quien hace con su tiempo lo que quiere, pero que sepas que tú estás poniendo la tarta pero no vas a probar el pastel ni de lejos.


El segundo tipo de colaboración que me ha llegado tiene que ver con las editoriales o más bien (supongo) con sus equipos de comunicación. Ocasionalmente colaboro con algunas editoriales que, o bien se han dirigido a mí espontáneamente o bien he acudido yo a ellas interesada en algún libro en concreto. Con el 99% he tenido una buena experiencia: han sido atentos, amables y comprensivos ante mis retrasos en la lectura o mis opiniones negativas sobre alguno de los libros que me han hecho llegar... Soy plenamente consciente del juego que hay detrás: la editorial me facilita un libro gratis a cambio de una reseña en mi blog que, buena o mala (que hablen mal de ti, pero que hablen), es publicidad. Todos sabemos que el sector del libro está de capa caída en nuestro país y cada vez son mayores las pérdidas de estas empresas, así que cualquier ahorro para ellos es una ventaja: es por ello que no dudan en ofrecer ejemplares "gratuitamente" de sus novedades para ahorrarse lo que supondría una costosa campaña publicitaria en televisión, prensa o radio. Las redes sociales, los blogs y Youtube están contribuyendo, además, a llegar a la gente realmente interesada en estos contenidos... A mí esta estrategia me parece muy inteligente, pues al final ganamos todos: las editoriales consiguen difusión  y el bloguero lector consigue lecturas a las que de otra forma le sería imposible acceder. 


Ahora bien, hay que tener cuidado con las formas: no me parece de recibo que una editorial (o su representante en comunicación) te exija hacer cosas que tú no has hecho, no haces, ni harás porque no quieres. Hace poco recibí un correo ofreciéndome un libro en el que poco menos tenía que vender mi alma al diablo: publicar nota de prensa, booktrailer, entrevista, nosécuántos tuits y reseña en menos de lo que canta un gallo, ¡y de una temática que no me interesa en absoluto! Me quedó claro que, en primer lugar, ni se molestan en conocer el blog al que se dirigen (supongo que mirarán el número de seguidores y poco más) y, en segundo, que te piden hacer un TRABAJO (volvemos a lo mismo), cuando ésto para muchos es una afición y, por ello, tenemos otros ritmos: en mi caso, tengo una vida paralela con horarios, deberes, familiares, amigos y sí, lecturas y blog, pero no me dedico a ello de forma profesional. A mí me parece justo intercambiar una reseña por un libro, ganamos todos, pero hacerle la campaña de publicidad completa al equipo de marketing de la empresa por tan "módico precio", como que no: como dicen en mi tierra, las bobas se acabaron.


Que conste que no estoy diciendo que haya que dejar de colaborar con editoriales, pero me gustaría que algunos departamentos de prensa intentaran humanizar a quien está detrás de la pantalla escribiendo un blog literario porque le gusta y le hace el favor de incluir su lectura en la pila de pendientes. Ya sé que para muchos es un chollo lo de recibir libros gratis (personalmente creo que pedir libros que no te interesan por un afán acumulatorio es un error),  pero a mí particularmente me resulta contraproducente una colaboración en la que una de las partes te exige más de lo que es justo y quieres darle y luego te acosa a correos electrónicos para que saques la reseña cuanto antes, aunque ni siquiera te haya llegado el libro (true story). No creo que debamos plegarnos a exigencias injustas por ser, a priori, la parte más débil de la relación: al final el amor es cosa de dos y  pedir la Luna sin ni siquiera referirse a ti por tu nombre es más prostitución que otra cosa. 


Siento la longitud del post; me he puesto a escribir, como he dicho al principio, sin filtros, pero es que, aunque he intentado ignorar el tema, la cabra vuelve al monte y sendos tipos de "colaboraciones" no dejan de aparecer en mi bandeja de entrada semana sí, semana también. Amig@s, hagan lo que quieran con sus blogs y no se tomen a mal mi desahogo, esta es MI OPINIÓN y comprendo que no sea ni compartida ni popular. Lo que sí les quiero pedir es un favor: NO IGNOREN EL PODER DE LOS BLOGS LITERARIOS: muchos les dirán que están de capa caída, que no los lee ni el tato, que en internet no pintan nada... Pero lo cierto es que dentro de las estrategias de venta de muchas empresas, tanto editoriales como webs de contenidos, nuestros blogs son pieza clave, pues permiten la profundida y extensión que quizás no es capaz de ofrecer una red social. Cuando les digan que un blog literario no influye en las ventas del libro en cuestión, no se lo crean: quizás no haya estudios de cuál es el porcentaje de venta que se consigue gracias a este medio, pero la visibilidad en internet y la resonancia en las distintas redes sociales son la mejor y más barata publicidad que se puede conseguir hoy en día, en un mundo hiperconectado como el nuestro. Sigamos escribiendo nuestros blogs por el motivo que sea: hobbie, rutina, diario, difusión lectora, expectativas de futuro; da igual, pero no minusvaloremos nuestra labor y seamos conscientes de que nuestro trabajo es aprovechado por otros, por muy inocentes que sean nuestras intenciones. 


¡Ganadores del Sorteo 3º Aniversario!


Hola a tod@s!

Hoy tengo ganas de alegrarle el día a alguien y por eso, ¡vengo a anunciar a los ganadores del sorteo! Siento no haber podido celebrarlo el fin de semana, tal y como estaba previsto, pero tuve que corregir algunos puntos de la lista de participantes y, además, los Oscars absorbieron toda mi atención... Sin más dilación, aquí doy testimonio de lo que la suerte ha decretado:

PRIMER GANADOR: 


Te llevas el ejemplar de Bartleby, el escribiente.

SEGUNDO GANADOR:


Te llevas el ejemplar de La princesa Tarakanova.

TERCER GANADOR:


Te llevas el ejemplar de Juego de Tronos.


¡Enhorabuena a las afortunadas! Podrán enviarme sus datos postales hasta el jueves 26 de febrero, pues de lo contrario se volverán a sortear los libros no reclamados. Les recuerdo, como había comentado en las bases, que los libros se enviarán por correo ordinario (a excepción de Bartleby, el escribiente, que lo remitirá la propia editorial), por lo que no me hago responsable de los daños o pérdidas que puedan sufrir los paquetes. Muchas gracias a todos por participar, ¡abrazos! ;)



Cotufeando: Edición Especial Oscars 2015 (...y 2).


Hola a tod@s!

Aquí les traigo el segundo post sobre las películas nominadas al Oscar este año: si hace un par de días les hablaba sobre las candidatas a mejor film, en esta entrada quiero comentar otras cintas que he visto que optan a premio por distintas categorías, como actuación o guión. En este grupo hay de todo: películas buenas que quizás merecían mayor reconocimiento y otras que son bastante mediocres y sólo se salvan por algunas interpretaciones destacables... Sin más dilación, ¡comencemos con el destripe! ;)

Dos días y una noches (nominada Marion Cotillard como mejor actriz). El cine francófono me interesa mucho porque el idioma me fascina y porque suele tratar temas más cercanos al común de los mortales que las películas americanas. La trama de Dos días y una noche es de lo más terrenal: después de estar de baja durante un tiempo, Sandra descubre que si quiere conservar su trabajo tiene que convencer a sus 16 compañeros en tan sólo un fin de semana a que renuncien a una prima de 1000 euros, pues ese es el único modo en que su jefe la mantendrá en su puesto. Aunque Sandra se da por derrotada, sus amigos y familia la animan a luchar por su trabajo, con lo que inicia un intenso peregrinaje en el que las emociones están a flor de piel... Marion Cotillard hace uno de los mejores papeles de su carrera retratando a una mujer llena de matices que refleja la desesperación, miedo e impotencia que supone lo injusto de su situación: el espectador no ve en pantalla a una superestrella en acción, sino a una persona real que atraviesa una situación difícil... Para mí, el Oscar  se lo debería llevar ella, sin ninguna duda.


Perdida (nominada Rosamund Pike como mejor actriz). Tenía dudas sobre si ver esta película: por una  parte, me apetecía bastante pero, por otra, quería leer antes el libro en el que se basa. Perdida trata de la desaparición de Amy el día de su 5º aniversario de bodas; a pesar de la preocupación de su marido, todas las sospechas empiezan a recaer en él por una serie de cuestiones que comienzan a salir a la luz... Tengo que decir que, a pesar de las reseñas leídas tuve la buena suerte de olvidar el argumento, por lo que me libré  de los grandes spoilers que dotan de gracia a esta historia y que no voy a contar. Me gustó la trama, la dirección creo que es muy buena (a mí es que Fincher me gusta mucho) y la interpretación de Pike destaca sobre todas las cosas: me da mucha pena no poder recrearme en lo que sucede en la película con su personaje, pero sólo puedo decir que aluciné con su perspectiva, que creo que hacían falta más papeles así para las mujeres en el cine y que ella está increíble. Sinceramente, la categoría de actriz femenina este año tiene el listón altísimo y Pike tiene mucha culpa de que esto sea así. 


Alma salvaje (nominadas Reese Witherspoon como mejor actriz y Laura Dern como mejor actriz secundaria). Basada en un hecho real, nos cuenta cómo Cheryl Strayed, tras una serie de acontecimientos que le hacen perder el rumbo de su vida, decide recorrer a pie el Sendero del Macizo del Pacífico, una ruta de unos 1600 km. sola y sin preparación previa, con la intención de encontrarse a sí misma después de tantos bandazos. No es que el argumento sea la cosa más original del mundo, pero me ha gustado esta historia: creo que Witherspoon caracteriza muy bien al personaje y nos traslada sus miedos y dudas de forma verídica, aunque en los flashbacks pierda la naturalidad que muestra en el camino. Laura Dern interpreta a su madre y representa la bondad y la ternura maternal a pesar de las adversidades, pero para lo poco que sale quizás su nominación sea algo exagerado... De esta peli me quedo con las escenas en que Cheryl intenta cargar con una mochila dos veces más grande que ella y con las ganas de caminar que me entraron al finalizar su visionado: ¡ojalá así se resolvieran todos los problemas de la vida!


Siempre Alice (nominada Julianne Moore como mejor actriz). Que Moore es una de las mejores actrices en activo no hay nadie que lo ponga en duda y que la Academia le debe algún Oscar es una realidad innegable. Parece ser que por fin va a ser reconocida, aunque este no sea el mejor papel femenino del año y tampoco su mejor interpretación. Siempre Alice nos cuenta la historia de una brillante y exitosa profesora universitaria que es diagnosticada de Alzheimer con tan sólo 50 años. La interpretación de Moore es lo único que salva una película con un tufillo a telefilm que tira para atrás: ella encarna perfectamente el deterioro de la enfermedad y el dolor que le supone olvidarse de todo, incluso de comunicarse, que es precisamente en lo que se ha especializado. En un elenco en el que el resto de actores parecen de cartón piedra, su interpretación brilla, pero para mí no es lo mejor del año. La película además, me deja con una duda: ¿me está queriendo decir que es peor tener Alzheimer si eres joven, rico y triunfador que si eres un abuelo analfabeto y humilde? Porque, hasta donde yo sé, la enfermedad es igual de horrorosa para todos...


Foxcatcher (nominados Steve Carell como mejor actor y Mark Ruffalo como mejor actor secundario). No tenía ni idea de lo que iba esta película hasta que me auto - spoileé el final escuchando un podcast de cine. Aún así, su trama me sorprendió, porque es tan increíble como cierta. Foxcatcher se basa en un hecho real: el multimillonario John du Pont decide formar un equipo de lucha de alto rendimiento e invitará al campeón olímpico Mark Schultz a formar parte de él. Éste, que se entrena con su hermano Dave, también campeón, decide aceptar y formar parte del nuevo equipo (llamado Foxcatcher), iniciando una relación compleja y tormentosa con Du Pont, que querrá ser padre, entrenador, amigo, protector... La historia es muy rara, de verdad, y la película mantiene la tensión en todo momento: las nominaciones de Carell (que hace de Du Pont) y de Ruffalo (el hermano del protagonista) son muy merecidas, aunque debo decir que Channing Tatum tampoco lo hace nada mal. La película es lenta, agobiante, extraña... No se la recomendaría a todo el mundo, pero es curiosa de ver. 


Nightcrawler (nominada a mejor guión original). No tenía ni la más remota idea de lo que iba esta peli, sólo sabía que su actor principal, Jake Gyllenhaal, había estado nominado a todos los premios posibles por su actuación y fue una sorpresa que no lo consideraran para el Oscar... Cuando empecé a ver la cinta flipé, tanto por la caracterización del actor, que me pareció de lo más creepy (no encuentro palabra en español que defina mejor esa sensación) como por su trama: va sobre un pobre diablo que un día se da cuenta que el periodismo sensacionalista puede ser su vía para salir de la mediocridad y conseguir lo que quiere... Lou Bloom, el protagonista, es un tío de lo más inquietante: frío, vehemente, sin escrúpulos, arribista, pero con una imagen de mosquita muerta que le hace medrar. En el amarillismo encontrará su lugar en el mundo, haciendo de los primeros planos de la desgracia su satisfactorio modo de vida. A pesar de que la película me ha provocado alguna que otra pesadilla, de las nominadas de la categoría yo le daría mi voto por el riesgo y la dura crítica que lleva implícita. Mi reconocimiento también para Gyllenhaal y para Rene Russo, pues hacen dos papeles memorables.


Puro vicio (nominada a mejor guión adaptado). Partamos de la base de que no he leído la novela original de Pynchon, así que no sé si es una buena o mala adaptación. Lo que si sé es que tengo un libro menos en la lista de pendientes. Puro vicio es una psicodélica historia de detectives en los años sesenta: Doc Sportello (un estupendo Joaquin Phoenix) comienza a investigar la desaparición del amante de su ex a petición de ésta. Los métodos de Sportello son de lo más peculiares, al igual que él mismo, un hippie falto de higiene y exageradamente fumado, que vive situaciones de lo más raras con un montón de personajes peculiares que entran y salen de escena como Pedro por su casa. Aunque algunos diálogos me hicieron gracia, no me gustó nada la película: me pareció muy lenta, pretenciosa, enrevesada y no la terminé de entender. Sé que Paul Thomas Anderson es un director reverenciado por los más culturetas pero no logro conectar con él: aunque Magnolia me enamoró, The Master se me atragantó un poco y con ésta estuve a un tris de abandonar: sólo salvaría su estética y algunas actuaciones. 


Into the woods (nominada como mejor actriz secundaria Meryl Streep). No tenía intención de ver esta película por una pequeña manía personal: me llevo muy mal con las adaptaciones de cuentos infantiles en la pantalla hechas por actores de carne y hueso. Pero cuando, para sorpresa de casi todos nominaron a Streep como mejor actriz secundaria, me vi obligada a hacerle hueco. Into the woods es una película musical que le da una vuelta de tuerca a los cuentos tradicionales: veremos una curiosa adaptación de las aventuras de Caperucita Roja, Jack y las Judías Mágicas, Cenicienta, Rapunzel y algunos más. El film está dividido en dos partes claramente distinguibles: en la primera, un panadero y su esposa tienen que conseguir una serie de objetos para romper con la maldición que les ha impuesto la malvada bruja (Streep) y en la segunda, tendrán que enfrentarse a un gigante que asola el reino en el que viven. La primera parte me pareció simpática y se me pasó relativamente rápido, pero la segunda... vaya tostón. Streep interpreta este papel con los ojos cerrados, pero me planteo si la nominaron por costumbre o porque es de lo mejor del año: aunque destaca en la peli, tampoco es que resulte inolvidable...


El juez (nominado como mejor actor secundario Robert Duvall). Esta cinta nos habla de la complicada relación entre Hank (Robert Downey Jr.) un exitoso picapleitos de la gran ciudad, especializado en sacarle las castañas del fuego a los culpables más evidentes y su padre, el juez Palmer (interpretado por Duvall), un respetable magistrado de una pequeña localidad de Indiana. Hank vuelve a su pueblo después de muchos años para asistir al entierro de su madre, desencadenándose una serie de acontecimientos que lo anclarán allí más tiempo del deseado. El film navega entre dos aguas: la típica historia del triunfador que reniega de sus raíces y acaba encarándose con el pasado  y una intensa trama judicial, pero lamentablemente no termina de decidirse por ninguna de las dos. Creo que el error de la película es no apostar sin titubeos por el drama procesal e intentar dotar de humanidad al protagonista a través de escenas ajenas al problema central que atufan a telefilm a la legua. Duvall hace una interpretación impecable y, aunque creo que éste Oscar va para Simmons, no me extrañaría que diera la campanada...

Pues, ¡hasta aquí el pescado vendido!  Espero que no les haya aburrido demasiado este especial cinéfilo que me he marcado este año en el blog y que hayan anotado alguna sugerencia para ver. Ahora queda esperar qué pasará esta noche en los Oscars y a dónde irán a parar los premios... ¡Ya les contaré cómo me va en mi porra particular! ;)
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