Danza de Dragones.


Hola a tod@s!

Hoy es un día especial para todos los seguidores de la saga Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin porque sale a la venta un libro muy relevante para la saga: no, desgraciadamente no es Vientos de Invierno, el siguiente tomo de estas épicas novelas, sino la enciclopedia The world of ice and fire, en la que, al parecer, vamos a conocer muchos datos interesantísimos sobre Poniente, sus familias  y probablemente nos enteremos de algunas cosillas que aún no sabíamos y que pueden ser determinantes para el futuro. Yo estoy emocionada, lo reconozco: sigo la saga desde hace muchos años y me siento muy a gusto en el universo creado por Martin. Parece ser que ahora está un poco de moda defenestrar al autor porque "se ha vendido al capital" al ceder sus derechos para televisión, porque tarda mucho en escribir sus novelas o porque le dedica tiempo a otros  proyectos pero qué quieren que les diga, me es imposible detestarlo: me hace pasar muy buenos momentos con sus historias y aunque la espera se hace eterna, tiene su parte de  encanto. Yo misma tomé medidas en su momento y decidí dosificar las cinco novelas publicadas hasta el momento para estirarlas lo más posible: hoy les traigo la última, Danza de Dragones, leída con un año de diferencia respecto a la sorprendente Festín de Cuervos; ¡pasemos a ver qué me depararon sus mil y pico páginas de acción, aventuras y maquinaciones de alto standing!


Danza de Dragones transcurre temporalmente (al menos en gran parte) a la par que Festín de Cuervos: el autor parece ser que comenzó a escribir un solo libro pero vio que el resultado era demasiado extenso y decidió dividir a sus personajes, centrando Festín de Cuervos en los acontecimientos que tenían lugar en Desembarco del Rey y desarrollando las tramas de los personajes que no se encontraban en la capital en este volumen. De entrada, esto puede resultar algo chocante, ya que tendremos que acostumbrarnos a volver atrás en el tiempo para encajar el argumento en la cronología debida y de vez en cuando nos hará falta refrescar un poco la memoria para relacionar un libro y otro... Afortunadamente, a mitad de la narración las diferentes líneas vuelven a converger y tendremos de nuevo a todos los personajes sobre el tablero, lo que hará que la lectura sea mucho más fluida que al principio. 


Para alegría de muchos, el autor recupera a tres de los personajes favoritos del público y les da muchísimo protagonismo: Daenerys, Jon Nieve y Tyrion colonizarán gran parte de las páginas de este libro, mostrándonos qué ha sido de ellos, qué han hecho desde que los abandonamos en Tormenta de Espadas...Me han gustado mucho sus tramas en general, quizás la que menos la de Jon Nieve, aunque sus conversaciones con Melisandre han hecho que mi cerebro conspirador elabore unas cuantas teorías rebuscadas... Al margen de estos personajes nos reencontraremos con otros también destacados. como Bran Theon, Jaime, Davos, Barristan Selmy (lo adoro), Arya, Cersei, los Martell de Dorne o los prescindibles Greyjoy. Algo que me ha sorprendido mucho (y no siempre agradado) es la cantidad de nuevos personajes que añade Martin a la historia: a estas alturas del relato no me esperaba que el autor sumara tal cantidad de piezas al puzzle... Aunque puedo entrever que algunas de las incorporaciones sirven para ampliar el conocimiento sobre ciertos hechos o darán mucho juego en el futuro, me ha disgustado un poco lo que su papel supondrá en el conjunto, aunque no quiero adelantar acontecimientos: tengo fe en que Martin se porte bien y no quiera jugársela al lector con recursos sin un encaje apropiado en el cómputo global. 


El estilo del autor sigue siendo en este libro sumamente descriptivo: Martin no sólo se centra en contarnos "batallitas" y escenificar grandes escenas llenas de giros inesperados, sino que se preocupa mucho por crear un universo con sentido. He leído bastantes críticas respecto al afán del escritor por relatarnos cómo son los edificios, los paisajes, las ropas o las comidas, pero lo que muchos ven como una tara, a mí me parece todo un acierto: me gusta mucho sentir que el mundo de Canción de Hielo y Fuego es real, palpable, que se sostiene más allá del tema central que se nos relata en estos libros; si quitamos todos los grandes hechos que nos cuentan estas novelas nos queda un escenario sólido, con vida propia, pasado, presente y futuro, lo que a mi parecer sólo consiguen escritores muy meticulosos y entregados a su obra. El devenir de la guerra y las nuevas intrigas que se fraguan están narradas con mucha inteligencia y buen ritmo, aunque hay algunos capítulos en los que el interés decae, al centrarse en hechos que, a primera vista no parecen ser demasiado trascendentes... Pero en esta saga, ¡nunca se sabe! Como he comentado antes, desde que todas las tramas se unen la lectura se vuelve absolutamente trepidante hasta el final y nos encontraremos  con algunas de esas vueltas de tuerca que hacen que el lector se tire de los pelos mientras Martin se carcajea: supongo que para disfrutar plenamente de esta novela río hay que ser un poco masoquista y cada vez queda más claro que a Martin el sado le va y mucho.


Me gustó bastante Danza de Dragones pero le pongo un "pero" de mi cosecha: haberla leído un año después de Festín de Cuervos. Si hubiera sido plenamente consciente de que iba a notar tanto el desfase temporal me habría aventurado a leer los dos libros juntos, según recomiendan algunas guías de lectura que pululan por internet: al fin y al cabo, la historia global fue concebida en un solo tomo y la división se nota: ¡no quiero ni pensar en los fans que llevaban la saga al día y tuvieron que esperar 6 añazos entre una novela y otra! Creo que quizás de este hecho puede venir la decepción generalizada que he percibido al leer otras opiniones: las expectativas crecen y la discontinuidad de la historia en dos tomos de mil páginas no juegan a favor de satisfacer a los más exigentes... Quitando esto, me parece un buen libro, a la altura de los demás: me ha gustado mucho ver distintas facetas de un mismo personaje, conocer los pensamientos de algunos que hasta ahora no tenían voz, intentar adivinar qué pasará en el futuro, desentrañar oscuras profecías... Hubiera agradecido no conocer el mega spoiler que sucede al final pues, si no llego a estar advertida, seguiría todavía flipando en colores, pero a estas alturas, con la fama de los libros y la mala leche de muchos aguafiestas, es imposible escapar de ellos. En resumen, Danza de Dragones es una gran novela, que abre muchos interrogantes de cara al  futuro y cierra otros que llevaban tiempo esperando su conclusión: creo que Martin ha preparado el camino para un sexto libro sólido del que podremos esperar grandes cosas... De momento tendremos que conformarnos con la enciclopedia que hoy ve la luz para ir paliando el mono y habrá que poner alguna velita a los Siete  que haga que los Vientos de Invierno no demoren demasiado en llegar. 

- El conocimiento es un arma, Jon. - El maestre Aemon se limpió la nariz -. Aseguraos de ir bien armado antes de entrar en combate.

24 de Octubre, Día de la Biblioteca.


Hola a tod@s!

No soy una persona a la que le fascine conmemorar días especiales: el año está plagado de efemérides que celebran o pretenden concienciar sobre una enorme variedad de temas y muchas veces me pregunto si realmente sirven para algo... Pero el día de hoy es especial porque es el Día de la Biblioteca y como lectora empedernida y amante de estos mágicos lugares, no quería dejar pasar la ocasión para hacer un humilde homenaje en mi blog a esta institución que tanto me ha dado.


Las bibliotecas llevan entre nosotros más de 4000 años, que ya es decir. En Mesopotamia se situaban en el interior de los templos y servían también como archivo: allí se guardaban los primeros "libros", realizados en tablillas de barro, que seguro le daban un aspecto muy particular a las estanterías. En Egipto las bibliotecas se denominaban "Casas de la Vida" y era allí donde los escribas trabajaban, copiando y coleccionando obras de todo tipo que transcribían en delicados papiros con su preciosa escritura característica.


Grecia fue la civilización antigua que más apoyó a estas instituciones y la que nos ha legado el modelo en el que se basan nuestras bibliotecas: el amor por el saber y por la cultura llevó a que se construyera la más mítica biblioteca de todos los tiempos, la Biblioteca de Alejandría. En ella no sólo se hallaban instalaciones para custodiar y estudiar los textos de todo el mundo conocido que albergaba, sino que también poseía laboratorios, jardines, "salones de actos" e incluso un pequeño zoológico, mostrando ya desde aquel entonces la vocación multifuncional que deben tener estos  espacios. Desgraciadamente la Biblioteca de Alejandría desapareció tras un grave incendio y con ella se perdieron para siempre obras únicas de un valor incalculable.


Roma funda las primeras bibliotecas públicas (aunque no accesibles a toda la población), con secciones separadas para textos griegos y romanos. En la Edad Media las bibliotecas caen en declive y quedan reducidas a los centros religiosos: tras los gruesos y oscuros muros de los monasterios se suelen encontrar tesoros maravillosos en forma de libro: éstos adquieren definitivamente su apariencia actual y contarán en su interior con hojas de pergamino exquisitamente trabajadas a base de miniaturas que le dan a los ejemplares la categoría de joya. 


La Edad Moderna trajo la imprenta y la recuperación de la cultura clásica: la combinación de ambos elementos hizo que las bibliotecas se hicieran más necesarias que nunca. Las grandes familias entendían la posesión de una biblioteca propia como signo de distinción y por ello invirtieron mucho capital en adecuar parte de sus casas para que cumplieran esta función o alentaron la construcción de bibliotecas independientes para que los eruditos pudiesen hacer uso de ellas. Las Universidades y las familias reales de toda Europa se preocuparon también por crear grandes bibliotecas bajo su patrocinio, intentando recopilar la mayor parte del saber escrito que estuviera a su alcance. En el siglo XIX surgen las bibliotecas auténticamente  públicas, a las que pueden acceder todos los ciudadanos sin distinción de clase y en el siglo XX el modelo se consolida, extendiendo la idea de que cualquier ser humano tiene derecho al conocimiento y a la libre información independientemente de su sexo, raza o distinción física o social. 


Ahora, ya entrados en el siglo XXI, considero que las bibliotecas, al menos en España, están en crisis: han pasado de ser una herramienta de conocimiento, realización personal y difusión cultural a ser un elemento políticamente molesto, que "no genera riqueza ni beneficios" y que lo único que hace es "gastar recursos que se podrían invertir en otras cosas más necesarias". Les juro que cuando escucho frases como las que he entrecomillado me hierve la sangre: ¿QUE UNA BIBLIOTECA NO GENERA RIQUEZA NI BENEFICIOS? ¿QUE NO ES NECESARIA? Cómo se nota que los que dicen esto no han pisado nunca una biblioteca, no han tenido la necesidad de acudir a ellas para leer, estudiar o tan siquiera  refugiarse de la lluvia: sabrían que las bibliotecas no son precisamente el agujero negro del dinero público, sino un centro social donde cualquier persona, tenga o no recursos, puede acceder a la información libremente, saciar su curiosidad, fomentar su espíritu crítico y ejercitar su cerebro de la manera que le parezca conveniente, sin tener que resignarse a dar por cierto todo lo que le cuenten los canales oficiales. 


Supongo que la puntilla para estos centros vendrá de la mano del canon de las bibliotecas recientemente aprobado: aunque nos han vendido que el usuario no tendrá que hacer frente a este pago, las administraciones responsables de las bibliotecas (que se mantienen con dinero público, osea, que al final sí que pagamos) tendrán que asumir el costo de que cada persona saque libros en préstamo, lo que redundará en menos fondos para la adquisición de ejemplares y, por supuesto, en menos dinero para el mantenimiento de los edificios y para la contratación de personal cualificado que gestione las bibliotecas. Sin querer meterme en charcos políticos, considero que esta medida por muy de Europa que nos venga es un error y que influirá en que a partir de 2016 la piratería de libros aumente más si cabe. Yo, por mi parte, supongo que dejaré de sacar libros prestados, pues mi conciencia me impide asumir que algo que para mí es una simple afición repercuta en que mi biblioteca de cabecera tenga que hacer un esfuerzo económico que no se puede permitir, pues a duras penas ha logrado mantenerse con los recortes tan grandes que se han hecho a la cultura en los últimos tiempos. 


No quiero terminar esta mega entrada con un sabor amargo, ya que hoy es un día de celebración: sé que no todos los que me leen usan la biblioteca (a algunos les quedará lejos, a otros les dará pereza, a unos cuantos no les gustará leer libros requetemanoseados), pero les invito a que, si pueden, se acerquen a alguno de estos lugares: paseen entre los libros, déjense sorprender por títulos que nunca se hubieran imaginado que existían, tropiécense con alguna de las muchas actividades que seguro que hay hoy planeadas para celebrar el día y, sobre todo, dediquen un minuto a pensar lo que sería un mundo sin bibliotecas; nos han acompañado a lo largo de miles de años así que, en cierto modo, forman parte de nuestro ser.

Emily la de Luna Nueva.


Hola a tod@s!

Si hay algo que marcó a la mayoría de niños españoles nacidos en la década de los ochenta fueron las sesiones maratonianas de dibujos animados que echaban por la tele a la hora de la merienda y los fines de semana, que nos dejaban hipnotizados durante horas: Los Mosqueperros, Los Trotamúsicos, La vuelta al mundo de Willy Fog, Los Fruittis, Oliver y Benji, Tiny Toons... Yo, que vivía en un pueblecito perdido entre las montañas igualito que  Heidi, me calé todas las series de dibujos que pude, pero parece ser que me salté una: no recuerdo haber visto jamás Ana de las Tejas Verdes. Por eso, cuando hace poco salió una preciosa edición de este clásico de la literatura juvenil, casi tuve que pasar por las reseñas disculpando mi ignorancia por desconocer totalmente al personaje: me sonaba el nombre, pero, la verdad, la tenía medio confundida con Pippi Calzaslargas, ilustre pelirroja a la que nunca acabé de tragar. El entusiasmo generado en torno a esta obra de L. M. Montgomery hizo que me propusiera acercarme a alguno de sus libros, aunque cuando me enteré de lo larga que era la saga de Ana me desanimé bastante... Y entonces conocí a Emily la de Luna Nueva, otra creación de la autora mucho menos famosa que la niña de Anvolea que capturó mi atención inmediatamente. El único problema que veía para leer esta obra era que estaba descatalogada en castellano desde hacía muchos años, pero curiosamente los astros se alinearon y Toromítico decidió darle una oportunidad a esta historia con una edición muy bella que no me quise perder: era una oportunidad perfecta para acercarme a Emily sin tener que compararla con Ana, lo que al parecer es bastante difícil dada la popularidad de esta última.


Emily Byrd Starr es una niña pobre pero feliz: vive con su padre y sus dos gatitos en "la casa de la hondonada", algo alejada de cualquier núcleo poblacional, pero no siente que le falte de nada. Emily es huérfana de madre y no conoce a otra familia que no sea su progenitor, pero éste es un hombre generoso que la adora y la anima a imaginar, a escribir, a crear, dándole alas para que tenga fe en sus sueños. Por desgracia su padre muere a causa de una grave enfermedad y Emily queda a merced de lo que los  Murray, su estirada familia materna con la que nunca se ha relacionado, decidan hacer con ella. Los Murray sortearán entre ellos la guardia y custodia de Emily quedando bajo la responsabilidad de la estricta Tía Elizabeth, que vive en la magnífica granja Luna Nueva junto con su hermana Laura y el primo Jimmy. Emily tendrá que abandonar la casita compartida con su padre y la mayoría de  los recuerdos de su infancia para trasladarse a la desconocida Luna Nueva, donde deberá acatar unas rigurosas reglas que se oponen a la libertad que su padre le otorgaba. A pesar de este cambio radical en su vida, Emily irá poco a poco adaptándose a su nueva situación: se habituará a Luna Nueva, hará amigos, aprenderá a querer a esos que la han adoptado a pesar de su frialdad inicial y se las ingeniará para seguir alimentando su sueño de ser escritora, aunque muchos se burlen de esta pasión.


Emily es la protagonista absoluta de este libro: se trata de una niña de 11 años sensible, inteligente, soñadora y con un fuerte temperamento: no vamos a encontrar a una chiquilla tranquilita que se resigna a hacer todo lo que le dicen, sino a una jovencita valerosa que se enfrenta a lo que ella cree que es injusto y no se calla ante las arbitrariedades. El carácter de este personaje me ha encantado, precisamente por la gran personalidad de la que hace gala: me he encontrado con otros clásicos juveniles donde los niños son angelitos perfectos e insulsos que parecen muñequitos sin gracia ni voz propia, pero Emily no es así; ella es imperfecta, gruñona en ocasiones, pero con un gran corazón y nobleza que la convierten en un personaje tridimensional a quien da gusto conocer. Emily se relacionará principalmente con sus tías Laura y Elizabeth, que son polos opuestos: Laura es un dechado de dulzura que se amilana fácilmente ante las órdenes de su estricta hermana mayor,  Elizabeth, mientras que ésta es una mujer severa, orgullosa, muy chapada a la antigua y vigilante de que el apellido Murray conserve toda la dignidad de antaño, aunque la familia haya perdido gran parte de su esplendor en los últimos tiempos. Emily también tendrá gran relación con el primo Jimmy, un hombre al que todos menosprecian por su simplicidad y con sus amigos Ilse, Teddy y Perry, muy distintos todos ellos entre sí y cada uno con sus problemas particulares, pero que conforman una pandilla excepcional que ayudarán a Emily a hacer de Luna Nueva su hogar.


L. M. Montgomery hace uso de una prosa sencilla pero cargada de matices para contarnos la vida de Emily: combinará el uso de un narrador omnisciente con cartas escritas por la propia muchacha para desarrollar la historia, dotándola de un carácter muy especial. Las epístolas que escribe la niña están dirigidas a su difunto padre y nos dan a conocer en primera persona su pensamiento, inquietudes y anhelos: son cartas que se mueven entre la ingenuidad y la melancolía, presentándonos a una chica muy madura para su edad, algo indómita (tiene prohibido escribir y lo sigue haciendo a escondidas) y  con unas ganas enormes de comerse el mundo y triunfar como poetisa. En este aspecto, Emily nos va dejando muestras de los versos que escribe y  alguna descripción sobre cosas que le fascinan, que subrayan su gran creatividad y sensibilidad artística, aunque también deja testimonio de las terribles faltas de ortografía que comete y que van mejorando a medida que crece, comienza a ir a la escuela y continúa escribiendo. Me ha gustado mucho que en esta edición se recojan esos "horrores ortográficos", que ciertamente duelen a los ojos, pero que forman parte de cómo es la niña protagonista y la hacen más cercana.  Montgomery no ha pretendido en esta obra contarnos una historia de trepidantes aventruas infantiles, sino que ha querido dibujar el día a día de una muchachita que está creciendo y que ha de hacer frente a diferentes dificultades que quizás todos hayamos experiementado alguna vez, aunque estas no sean particularmente excepcionales. A través de una narración sugerente y cautivadora la autora consigue que, aunque no se narren grandes hechos, no queramos permanecer alejados de Emily durante mucho rato: la cuidada y vibrante ambientación y el magnetismo de los personajes  son más que suficientes para que nos apetezca pasar tiempo en Luna Nueva sin necesidad de giros imprevistos o argumentos pasados de rosca.


Emily la de Luna Nueva es un libro que me ha encantado: me ha retrotraído a mi infancia y he disfrutado mucho de la vida de esta niña con la que me sentí muy identificada en numerosas ocasiones. Me ha gustado mucho el respeto con el que Montgomery trata a la protagonista, a la que no menosprecia por ser chiquita, sino que le da un lugar y una voz propia con la que se puede expresar y mostrarse tal como es, sin la condescendencia con la que muchos adultos tratan a los más pequeños. Me he sentido muy a gusto en Luna Nueva por ser un lugar excepcional, descrito con mucho mimo y que resulta casi táctil gracias a la precisión con la que la autora habla de él. He experimentado con Emily el miedo al cambio, la incompresión que sufre, la incertidumbre de hacerse mayor, los "destellos" de belleza que a veces le llegan y que la dejan en estado de trance: realmente he armonizado con esta niña canadiense de principios del siglo XX sin ningún tipo de problema, pues quitando el contexto y la estética, las tribulaciones de Emily no son muy distintas a las que puede experimentar hoy en día cualquier chica de entre 11 y 13 años. Me hubiera encantado conocer a Emily cuando ambas compartíamos la misma edad, porque estoy casi convencida que se habría convertido en una buena amiga y su historia en mi libro de cabecera... De todas formas, aunque llega casi 20 años tarde, Emily la de Luna Nueva es una novela con la que he conectado  y que va mucho más allá de su vocación de libro juvenil para convertirse en un excelente ejemplo de clásico atemporal que trasciende la edad prescrita: les invito a todos a que le den una oportunidad, pues estoy segura de que les sorprenderá agradablemente.
De cualquier modo, no penaba por Rhoda, sino por la amistad que siempre le fue tan preciada. Rhoda había sido adorable y dulce, al menos en la superficie, y Emily encontró una honda felicidad en su compañía. Todo eso había desaparecido y nunca , nunca más, podría volver a querer a nadie ni a confiar en nadie. Ahí era donde estaba el daño. 

Agradezco a Toromítico el envío del ejemplar. 

La rastreadora.


Hola a tod@s!

Me gusta leer y en principio leo de todo, pero reconozco que a veces soy demasiado clásica y me quedo estancada en el "sota, caballo y rey" de mis géneros favoritos, sin darle oportunidades a otros libros que se salen de mi dieta habitual. Sin embargo, de vez en cuando me apetece probar cosas distintas, lecturas que no parecen cuadrar del todo con mis temas predilectos pero que tienen algo que me llama, algo que me hace pensar que no debo perderme esa obra en concreto. Esto me pasó con el libro que hoy les traigo, La rastreadora, de Antonio Lagares: empecé a leer múltiples reseñas que señalaban su originalidad, sus peculiares protagonistas, su interesante punto de partida y el gusanillo me picó. A priori el matiz de "thriller psicológico" me atraía, pero algunas alusiones que relacionaban la novela con el género de terror me echaban para atrás: no soy nada dada a las historias de miedo y temía que esta me acabara espantando, pero pudo más la curiosidad por descubrir qué era eso tan indefinible que todos señalaban  que mis fantasmas interiores, por lo que me dispuse a acercarme a este libro con cautela pero también preparada para enfrentarme y disfrutar, a ser posible, de una lectura que me habían avisado que se salía de lo habitual.


Miguel es sin techo que pasa sus días refugiado en la puerta de una iglesia, donde ha establecido su cuartel general. Tras esta fachada se esconde un hombre que ha perdido su alma a causa de un terrible acontecimiento ocurrido durante su niñez, que lo ha convertido en un ser sin conciencia ni empatía y  lo ha llevado a un abismo del que parece que será imposible que salga. Ante el potencial peligro que supone una mente tan torturada como la suya para la sociedad se le encarga a Élyran, una Rastreadora de mentes, que controle a éste individuo y analice sus movimientos, con el fin de prepararlo para realizar un ajuste en su psique que lleve a Miguel a ser consciente  de todo el mal que hay en su ser y así intentar desactivar completamente esa crueldad que lleva dentro.


La historia se nos presenta en un principio como un pulso entre Élyran y Miguel: ella es una joven que lleva mucho tiempo ejerciendo como Rastreadora y cree que es el momento de dar un paso más en su carrera y convertirse en Ajustadora Principal, por lo que se vuelca de lleno en este caso. Élyran nos demuestra que conoce la teoría al dedillo: va contándole al lector los pasos que sigue en cada momento para actuar con Miguel, desde que le asignan el caso hasta que surge un contacto estrecho  entre ellos que hace que se traten con más familiaridad. Élyran se muestra como una Rastreadora segura, con mucho aplomo y con una determinación de hierro por lograr su objetivo y ascender. Pero Miguel, que parece ser una presa fácil por su aparente desamparo, le demostrará que no es tan simple someter su perturbado cerebro, endureciendo este duelo aparentemente sencillo y convirtiéndolo en un mano a mano del que tan sólo uno puede salir victorioso; la duda sobre quién logrará imponerse se cernirá sobre el lector  durante buena parte de la novela.


El autor utiliza la primera persona como voz principal de este libro: será Élyran la que nos vaya narrando desde su punto de vista cómo prepara el terreno para encontrarse con Miguel y una vez que entran en contacto, cómo se desarrolla esa relación. Élyran utiliza un lenguaje muy técnico, cargado de conceptos que definen su trabajo y que al lector al principio le costará asimilar, aunque finalmente los asumirá sin problemas. Por contra, Miguel utiliza un vocabulario muy grosero y desagradable, que subraya su vocación de antagonista: Lagares construye un personaje repugnante no sólo basándose en la oscuridad de su mente, sino con unos diálogos y acciones que lo hacen verdaderamente odioso; a esto se le añaden constantes alusiones por su parte a la religión cristiana que me han parecido excesivamente cargantes. La narración no se caracteriza por tener un ritmo rápido, incluso en ocasiones se queda algo estancada, pero esta parsimonia transmite a la perfección una sensación de creciente claustrofobia que nos acompañará a lo largo de todo el libro. A ello se suma una fuerte tensión psicológica que se va agravando durante toda la historia y que tendrá dos puntos culminantes: uno, a mitad de la obra, donde la lucha entre Élyran y Miguel será tan encarnizada que tendrá que intervenir el Ajustador Principal en el caso y otro al final del libro, cuando toda la angustia acumulada desemboca en una conclusión quizás algo previsible, pero de enorme intensidad.


La lectura de La rastreadora ha sido toda una experiencia: como comentaba antes, no es lo típico que suelo leer y eso me hizo ir al principio con pies de plomo, de hecho, no se puede decir que lo leyera de un tirón, sino que más bien me acompañó durante algunos meses combinado con otras lecturas, básicamente porque creo que hay que tener una mente abierta y receptiva para enfrentarse a una historia así, y a veces uno prefiere algo  más ligero que no le complique mucho la vida. Sin embargo, una vez que tuve el espíritu apropiado para enfrentarme a la historia y, sobre todo, cuando llegué al gran giro argumental de la novela (que logró pillarme totalmente desprevenida), no pude dejar de leer, a pesar de lo duro que se vuelve el libro para mostrar el despotismo de Miguel y cómo su mente es capaz de dominar incluso al más preparado para derrotarla. La rastreadora es una historia que gustará especialmente a aquellos lectores dispuestos a desentrañar trucos psicológicos, a los que disfruten de personajes fuertes en situaciones límites y a los que quieran averiguar cuál es el precio que hay que pagar por carecer de moral y remordimientos.

Te repito que soy una creación tuya. Me ves porque deseas verme, nada más. Todas mis represiones son las tuyas…, mis miedos son los tuyos, incluso tus recuerdos son mis recuerdos. Tú no sabes nada de mí, y sin embargo, de ti lo sé todo. ¿Comprendes el significado de todo?
Agradezco al autor el envío del ejemplar.

Xingú.


Hola a tod@s!

Esto de tener un blog literario hace que afloren manías de lo más raritas; si ya como lectora tenía mis supersticiones particulares (leer a determinados autores en una época concreta del año, no repetir género literario en dos lecturas seguidas, etc.), esta bitácora ha hecho que me surjan algunos tics incomprensibles que hay que calmar para mantener mi trastorno obsesivo - compulsivo a raya. Una de mis actuales fijaciones es la de llenar espacios: me estresa mucho entrar en las páginas de este blog donde recopilo los libros y autores que he leído y ver que hay letras que aún no he hollado, mientras que otras están sobrerrepresentadas... Puede que nunca encuentre una sugerente novela cuyo título comience con una solitaria "J" y se me hace harto difícil conseguir una "Ñ" en mi colección de apellidos de autores, pero no desistiré: aunque oficialmente no me he apuntado en ningún reto relativo, esto se ha convertido en algo personal. En busca de un buen libro que completara mi colección de letras huérfanas descubrí Xingú, una pequeña novelita que supuso un flechazo en toda regla: más allá de su exótico título, la edición de Contraseña me enamoró, el dibujo de Sara Morante me cautivó y la autoría de Edith Wharton me convenció de que debía hacerme con un ejemplar: ya no era sólo cuestión de rellenar un hueco estéticamente en el blog, sino también de saldar una deuda con una escritora de la que poseo varios libros y a la que nunca me había atrevido a leer. 


El Club del Almuerzo es una distinguida sociedad en la que las damas más eminentes de Hillbridge se reúnen para hablar de sus últimas lecturas y de los más variados temas culturales, demostrando así su erudición y superioridad intelectual y burlándose veladamente de aquellos que no llegan a su nivel. Al enterarse de que la famosa escritora Osric Dane va a visitar la ciudad, mueven todos los hilos posibles para que ésta asista a una de sus reuniones y así demostrarle lo versadas que están en su obra... Pero la escritora no es tan receptiva al halago fácil y la frivolidad como ellas pensaban, generando un ambiente algo incómodo para todas que sólo se romperá cuando la discreta y poco valorada señora Roby hable apasionadamente de Xingú, dándole un vuelco a la situación de lo más curioso. 


Las protagonistas de esta historia e integrantes del prestigioso Club del Almuerzo son cuatro señoras (Ballinger, Plinth, Levert y Roby) y dos señoritas (Van Vluyck y Glyde) que, como bien dice la primera frase del libro "persiguen la Cultura en cuadrillas, como si fuera peligroso encontrársela a solas"; parece que como sociedad cultural su único interés es soltar más datos que las demás, demostrando así una superficialidad apabullante que es recibida con aplausos por el resto. La señora Ballinger es la que lleva con mano de hierro las riendas de este grupo, siendo el modelo a imitar: vanidosa, engreída, snob y quisquillosa, se hace lo que ella quiere según su voluntad, aunque el resto de integrantes, secretamente, esté en desacuerdo con sus decisiones. El verso suelto de esta pandilla es la señora Roby, la última en llegar al club: fue admitida por los buenos comentarios que hizo un amigo de estas señoras en público pero, con el paso del tiempo, ha resultado ser todo un fiasco; no parece interesada en seguir las imposturas que rigen al grupito y su carácter alegre y despistado parece irritar al resto de damas. La oportunidad de que el Club del Almuerzo se muestre en todo su esplendor llega con la visita de Osric Dane, una escritora de éxito a la que la invitación de estas señoras no le resultará particularmente emocionante, demostrando durante la reunión con las mismas una actitud fría y condescendiente que parece no sucumbir al peloteo desaforado. La señora Roby, que es el único personaje realmente auténtico de este pequeño relato, aprovechará la tensa situación que se genera para dejar en evidencia tanto a sus falsas compañeras de tertulia como a la pedante escritora, sacando el tema de Xingú a colación y dejando fascinado al auditorio: Osric Dane queda anonadada ante su disertación y las demás no dudan en subirse al carro del discurso que da la señora Roby, aunque cuando todo termina y hablan entre ellas de la velada se dan cuenta de que de Xingú tienen más bien poca idea y de que quizás la amable y atontada señora Roby se ha burlado de ellas delante de sus narices...


Edith Wharton perpetra una historia bastante clásica, con una presentación, nudo y desenlace bien definidos, que trata un tema que considero original para la época de la que hablamos (principios del siglo XX): las falsas apariencias o, como muchos dirían hoy en día, el postureo. Las integrantes del Club del Almuerzo son un grupo de señoras aburridas y sin nada mejor que hacer que utilizan la cultura como santo y seña con la que identificarse, aunque en realidad tengan poco interés real por ella. Todas estas señoras en sus debates se limitan a repetir frases manidas, afirmar con más o menos convicción las opiniones de otros, parlotear acerca de lo divino y lo humano sin demasiado espíritu crítico  y sin que ni siquiera les interese, pues se supone que es lo que queda bien de cara a los demás, lo que las hace diferentes aunque sólo sea una fachada. En el club no pueden existir opiniones que se salgan del guión. nadie puede tener personalidad propia: la jerarquía de manada es implacable y si las integrantes quieren seguir formando parte de esta selecta comunidad, han de plegarse al protocolo.  La evidente crítica que realiza la autora a esas damas de la alta sociedad que pretenden sentar cátedra desde la superficialidad más absoluta se refleja con unos diálogos sutiles pero venenosos, donde las descripciones de los personajes no dejan lugar a duda hacia qué tipo de personas tira la autora sus dardos. Al mismo tiempo Wharton también le mete caña a sus colegas de profesión, con el papel que le da a la escritora Dane, una autora pedante que desde su atalaya moral mira con desprecio a este grupo de mujeres reunidas para honrarla, sin que surja de su parte la intención de mostrarles su obra desde otra perspectiva. La señora Roby le sirve a Wharton para darles una lección a todas ellas y reflejar con sinceridad el mundo del que ella misma formaba parte: a través de unas  conversaciones ágiles y una astucia digna de aplauso, la autora hace de esta historia un pequeño y simpático teatrillo que conserva actualmente toda su vigencia y que despierta la sonrisa cómplice en el lector al comprender qué hay realmente detrás de Xingú.


Xingú es una obra que destaca por su prosa amena, su trasfondo sarcástico, su elegante puesta en escena y su franca lucidez: me alucina que en tan pocas páginas la autora haya criticado a tantos tipos de personas (culturetas de pacotilla, escritores cargantes, ricachones engreídos) con tanta gracia como es el caso. A todo esto hay que añadir una cuidada edición por parte de Contraseña,  que incluye un interesantísimo prólogo en el que se habla de la vida y obra de Wharton de una manera clara y concisa y también unas preciosas ilustraciones realizadas por Sara Morante que son absolutamente deliciosas y que dotan de un carácter único a esta pequeña novela que adquiere la categoría de tesoro dado el mimo con el que se ha publicado. Xingú tiene, para mí, el "factor X" que todo buen libro ha de tener: se trata de una historia interesante, bien escrita, con personajes definidos y con una doble lectura que enriquece su sencillo argumento; es, sin duda, un caballo ganador. Si pese a todo no te he convencido para que te acerques a este texto ¿de verdad quieres seguir viviendo sin averiguar qué significa Xingú? Creo que este es un argumento más que suficiente para darle a este librito su merecida oportunidad. 

- No le aconsejaría yo leer "Las alas de la muerte" con ese espíritu. Por mi parte, existiendo tantos libros que deben leerse, no entiendo dónde se encuentra tiempo para los que son un mero entretenimiento. 

Vinieron para quedarse... (XVII).



Hola a tod@s!

Toca hoy el turno de enseñar los libros que llegaron a casa en septiembre, que fueron muchos menos que en los meses anteriores, para tranquilidad de mis fatigadas cartera y estantería. Antes de presentarles los títulos, quiero aprovechar para ponerme una medallita porque NO HE COMPRADO NINGÚN LIBRO!!!!! Desde el 1 de agosto no he gastado nada en literatura y mi paso por las librerías ha sido meramente cotillístico... Ha sido duro, porque mira que hay novedades interesantes a las que quiero hincarles el diente, pero creo que tras la locura veraniega era necesario un periodo de desintoxicación. Juzguen ustedes si ha sido suficiente y díganme si quedo absuelta, para así poder comprarme alguna cosilla este mes sin remordimientos...


La mayoría de los libros que conseguí en septiembre fueron gracias a sorteos ganados en los últimos días de verano, cuyos premios llegaron a principios de mes. La excepción son dos novelas que me enviaron amablemente las editoriales: el ya reseñado 39 cafés y un desayuno, de Espasa (que no muestro porque se lo adjudicó mi hermana en propiedad) y Emily la de Luna Nueva, de Toromítico, un libro genial del que espero hablarles dentro de poco. Gracias al blog Book Diary gané un ejemplar de Imagina que ya no estoy, uno de esos libros con viaje iniciático incluido que me apetece bastante leer. 


La suerte me siguió sonriendo y gracias a los blogs de Laky y Margaramon me hice con dos libros la mar de interesantes: por un lado, El amo del fuego, que trata el tema de los viajes en el tiempo (una de mis debilidades literarias) y por otro, El paso de la hélice, historia con toques de metaliteratura que me atrajo desde el primer momento y sobre la que tengo altas expectativas; ¡espero no salir escaldada!


Por último, una sorpresa: en verano participé en un concurso que la editorial Gigamesh proponía en Facebook y cuyo premio era la segunda temporada en DVD de la serie Juego de Tronos, siendo el único requisito explicar cómo habías conocido la saga y a quién se la recomendarías. Como empecé a leer las novelas mucho antes de que la serie se empezara a rodar, conté quién me los había presentado y cuál había sido mi experiencia hasta el momento, pero supuse que mi comentario se perdería entre el mar de gente que participó en este sorteo... Curiosamente mi anécdota y recomendación resultaron ganadoras, con lo que me dio un subidón increíble, pues no sólo conseguí los DVD´s, sino que era la primera vez en mi vida que ganaba algo por Facebook, cosa que dicen es prácticamente imposible. Tardó varias semanas en llegar mi paquete y, cuando lo hizo, fue con un extra añadido: la editorial incluyó el primer tomo de la saga Canción de Hielo y Fuego, que a estas alturas ¡lo tengo por tripitido! En fin, aunque ya poseía doblemente el libro me encantó el detalle y ya ingeniaré algo para hacer con él y que no se quede sin lector...


Mis estanterías virtuales también engordaron en septiembre gracias a la editorial NextChap, que me envió por iniciativa propia cuatro de los libros de su catálogo: Cuando deje de brillar, Con tu escudo o sobre el, El Club Byron y LBB. Sinceramente, no los conocía con anterioridad pero las sinopsis de algunos me han llamado bastante la atención y creo que pueden ser lecturas entretenidas. Lo que no sé es cuándo les haré hueco, pues tengo una lista enorme ebooks pendientes y no pretendía seguirla aumentando hasta que no leyera algunos de los que me esperan...

Pues nada, amig@s, esto es todo por hoy. No me digan que no he sido buena: casi ni he pisado una librería y cuando lo he hecho me he sabido contener... Aún así han llegado a casa libros interesantísimos de los que espero ir hablando poco a poco. ¿Hay alguno que les atraiga especialmente? ¿Qué libro se comprarían ustedes ahora mismo si se hubieran contenido durante más de sesenta días? ¿Dónde están los erizos de esta entrada?

¡Feliz fin de semana, abrazos! :)





Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer.



Hola a tod@s!

Nunca pensé que aquel día de julio en el que deambulaba por la biblioteca municipal haciendo tiempo mientras esperaba a mi cita me iba a deparar uno de los descubrimientos más sorprendentes en lo que va de año en cuanto a vida lectora se refiere. Andaba yo enfrascada en las estanterías centradas en el final del abecedario cuando tropecé con un autor que siempre me había llamado la atención, pero cuyo nombre era asociado por mi cerebro con lecturas soporíferamente densas: David Foster Wallace. Siempre quise leer algo suyo, pero  el culto a su personalidad por parte de ciertos círculos literarios elitistas me hacía pensar que yo no iba a estar a la altura de este héroe del postmodernismo, que no iba a captar la complejidad de sus escritos...  Aquel día dejé la cobardía en el armario y decidí llevarme a casa una obra suya, aunque fuera una corta, para quitarme de encima la espinita que tenía clavada con este escritor. El libro elegido para tal menester fue Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer; supongo que el calor veraniego y la imposibilidad de salir de mi isla  me dieron el empujón definitivo para embarcarme en esta historia y en el crucero protagonista: nada mejor que un incisivo ensayo sobre la vida ostentosa en alta mar para suplir la falta de unas anheladas vacaciones....


Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer es una colección de artículos encargados y  publicados por la revista Harper´s en los años noventa, que narran la particular odisea de Wallace en un crucero de lujo. Lo que se podía haber quedado en un publirreportaje más o menos encubierto sobre los placeres de una travesía caribeña acaba convirtiéndose en una crítica mordaz al consumismo desaforado, al turismo de masas y, en general, a una sociedad infantilizada hasta el extremo que el autor mira con desdén desde un primer momento, aunque lentamente, casi sin darse cuenta, acaba formando parte de ese mundo que aborrece, generándole un conflicto personal algo surrealista que resultará hilarante para el lector.


Todo comienza cuando nuestro protagonista (el propio David Foster Wallace), un escritor que se nos figura algo snob y sabelotodo, espera en el muelle el momento de su embarque; tras hablar promenorizadamente de las vacuas promesas de felicidad que sugiere el catálogo, de la mala idea que tuvo la revista al enviarlo a él a hacer este reportaje y de lo poco que le apetece el plan, expone el concepto de "boviscopofobia", que es el miedo a ser visto como una vaca. Wallace comienza a asumir que formará parte del ganado que nutrirá el megacrucero y se dedica a analizar hasta la extenuación todos los elementos que promoverán dicha metamorfosis: las observaciones que realiza sobre el resto de pasajeros, demasiado viejos, demasiado caprichosos, demasiado insustanciales, nos llevarán a obtener una panorámica general no sólo sobre la clase de gente que ha pagado una fortuna por unos cuidados exquisitos, sino también sobre la propia personalidad algo neurótica del autor, que dota a este ensayo de un carisma singular. Una vez dentro del barco hablará largo y tendido de toda la fauna que allí se encuentra, formada por los peculiares pasajeros con los que comparte mesa y por una tripulación eficiente que esconde tras su Sonrisa Profesional muchas de las miserias que viven cada día los empleados encargados de preservar este paraíso sobre las aguas.


Si el libro destaca por algo es por la manera en la que el autor cuenta esta historia aparentemente intrascendente; Wallace convierte un idílico crucero por el Caribe en un relato lúcido y cargado de humor inteligente, dotándolo de una personalidad única. La agudeza del escritor para contar su experiencia y su narrativa, rica, descriptiva y nada apabullante hacen que el lector sea partícipe del mundo "marciano" que describe Wallace, sintiendo su misma sorpresa ante esa necesidad de sentirse cuidado y mimado hasta el extremo y similar inquietud sobre cómo vivir en un universo tan servicial que deshumaniza, mutando a centenas de adultos hechos y derechos en niños indefensos que deben ocupar su tiempo en actividades lúdicas rigurosamente programadas y cuyos deseos han de ser cumplidos de inmediato. El autor carga el texto de agudos comentarios cómplices que más de una vez nos provocan la sonrisa o directamente la carcajada, puesto que verdaderamente tiene un don innegable para la ironía, sin dejar de lado una crítica sutilmente feroz. El texto, además, está plagado de notas al pie de página que quizás ralentizan un poco la lectura, pero que le dan un sabor único y acentúan su carácter irreverente.


No he querido abundar en esta reseña en pasajes concretos del libro o profundizar en las manías particulares del escritor dentro del barco (su paranoias pueden resultar desconcertantes), porque creo que es mejor que cada uno descubra por su cuenta, sin demasiadas pistas previas, el particular microcosmos que David Foster Wallace recrea en este corto ensayo. Soy consciente de que ésta es una lectura algo fuera de lo común por su tema y su tono y quizás a no muchos les convenza a primera vista, pero para mí ha sido una auténtica y agradabilísima sorpresa que no dudo en recomendar: me divirtió, me mantuvo pegada a sus páginas, me hizo reflexionar sobre muchas de las estupideces en las que vivimos inmersos sin darnos cuenta y, lo más importante, me abrió la puerta hacia la obra de un autor sobre el que tenía muchos prejuicios y al que ya estoy deseando volver a  leer. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer es una lectura original y distinta, que quizás no conecte con todo el mundo, para qué nos vamos a engañar, pero que creo que quien logre hacerlo disfrutará de una obra condenadamente bien escrita, inteligente, punzante y cargada de dobles sentidos que hará que nunca vuelva a ver ni los cruceros de lujo ni la literatura de no ficción de la misma manera.

Pero, por supuesto, toda esta conducta mía ostensiblemente dirigida a distinguirme de los demás está motivada a su vez por una preocupación consciente y ligeramente condescendiente acerca de la imagen que doy a los demás que es (la preocupación) cien por cien propia de los americanos adinerados. Parte de la desesperación general de este crucero de lujo es que no importa lo que haga, no puedo alejarme de mi americanidad esencial y nuevamente desagradable. Esta desesperación alcanza su clímax en puerto, mirando algo de lo que no puedo evitar formar parte. No importa que esté aquí arriba o ahí abajo, soy un turista americano, y por tanto ex officio corpulento, rollizo, rubicundo, escandaloso, tosco, condescendiente, ensimismado, malcriado, preocupado por su aspecto, avergonzado, desesperante y codicioso: la única especie de bovino carnívoro que se conoce en el mundo

Cotufeando...



Hola a tod@s!

Cuando empecé a escribir este blog tenía la intención de hablar de otras cosas aparte de libros, pero no sé por qué esa pretensión primigenia se fue diluyendo con el paso del tiempo: supongo que pensaba que podía abarcar más de lo que era capaz y la realidad me ha demostrado que soy mejor con eso de ir pasito a pasito... El caso es que he pensado que sería interesante darle un poquito de variedad a este rincón y por ello inauguro una nueva sección en la que hablaré de las películas y series que vaya viendo cada mes; esto me servirá, además, para dedicarle tiempo al séptimo arte, al que he tenido algo abandonado últimamente. No se me asusten: no voy a hacer críticas sesudas ni cosas por el estilo, sino comentarios informales sobre lo que vaya cayendo ante mis ojos, tanto si me ha gustado como si no. Así que nada, esto es Cotufeando, amig@s, ¡comencemos!


Empecé septiembre con una película a la que le tenía muchas ganas desde que empecé a oír hablar de ella: del director de mi adorada trilogía "Antes de..."(Amanecer, Atardecer, Anochecer), Boyhood se presentaba como una cinta única e incomparable, rodada a lo largo de 12 años, que daría mucho que hablar durante esta temporada cinematográfica. Ciertamente es una película original y con varios puntos fuertes (la dirección es muy buena y algunas interpretaciones, como la de Patricia Arquette, remarcables), pero no me convenció tanto como esperaba: el guión en algunos pasajes se estanca y no termina de rematar lo que se quiere decir, quedando el argumento inconcluso, y la frescura de los primeros años de la historia, la parte más infantil, se va perdiendo en la adolescencia, donde parece que el actor principal toma conciencia de donde está metido y pierde toda la naturalidad de los años anteriores... Aún así, estoy convencida de que esta película tendrá éxito en todos los premios importantes porque tiene argumentos para ello, aunque reconozco que yo me esperaba algo más inolvidable.


Entre mis recomendaciones de Filmaffinity, El apartamento era la  comedia que copaba la lista, con una notaza que hacía prever que me iba a gustar mucho... Y, sin embargo, nunca me animaba a verla: algún tipo de mecanismo hacía que mi cerebro eligiera otras opciones, pues, total, esta peli no era tan pasajera como otras sugerencias... Pero el mes pasado me decidí de una vez a darle una oportunidad y acabé encantada y sorprendida: El apartamento es una película que se saltó todos mis esquemas. Me maravilló su guión agudo, inteligente y mucho más revolucionario que los que podemos ver en la actualidad: tratándose de una película clásica me sorprendió que se abarcara la relación de los protagonistas de la manera en la que lo hace, sin sentimientos de cartón piedra ni otras boberías que invaden las comedias románticas que hoy podemos ve en el cine. Los personajes de Lemmon y MacLaine me parecieron divertidos, complejos y muy reales y la dirección de Billy Wilder, como era de esperar, magnífica. La verdad es que es una película que recomiendo sin ninguna duda; puede que se haga un pelín larga, pero disfrutar de una historia tan auténtica vale la pena. 


Le llega el turno a una película histórica que conocí de casualidad pero que me llamó desde el primer momento: Belle. Está basada en un personaje real, una muchacha mulata hija de un Almirante británico que se criará en el seno de una rica familia inglesa al modo en que lo hacían las señoritas bien de la época, con todos sus deberes y privilegios. Evidentemente, el color de su piel será una barrera para que pueda llevar una vida completamente normal, pues los prejuicios y los insultos más o menos velados siempre estarán presentes, incluso cuando la chica herede una gran fortuna. Justo en ese momento, además, se está desarrollando un importante juicio contra unos esclavistas que dejaron morir a propósito a los hombres que iban a vender, por lo que el tema de la esclavitud y los derechos sociales estarán presentes en todo el film. Belle es una película de bella factura (impresionante vestuario y ambientación), que se queda a medias en cuanto a guión e interpretación: no se define una línea argumental demasiado clara, dando bandazos entre el romanticismo y el thriller judicial sin rematar ninguno,  y algunos personajes que podían haber dado mucho de sí aportan más bien poco... A pesar de todo me gustó y la recomiendo para pasar una tarde entretenida. 


Hacía bastante que no veía ninguna película de animación y me decanté por una que llevaba muchos meses en mi  lista de pendientes: 5 centímetros por segundo. Con tan sugerente título y el entusiasmo de mi hermana, a la que le encantó este anime, me esperaba bastante, pero me llevé una decepción; definitivamente esta película no era para mí. 5 centímetros por segundo cuenta la historia de un amor que nace en la adolescencia y que tiene que hacer frente a la distancia: narrada en tres partes, como si de un haiku se tratara, va desarrollando las distintas fases que atraviesan Takaki y Akari... Si bien la primera parte me gustó, pues introducía la acción y mostraba un poco el inicio de ese amor tan  apasionado, las otras dos partes me parecieron un peñazo: en el segundo capítulo la historia se centra en una chica enamorada de Takaki que sufre en silencio el ser ignorada por el muchacho y la tercera directamente me pareció un despropósito que prefiero no comentar porque me indigno yo sola. Los valores artísticos de esta película son muy altos, ya que los dibujos son de una factura bellísima, pero el lirismo del film me ha parecido impostado  y no he conectado con él.


La última película de septiembre fue El topo, una cinta que quería ver desde que se estrenó y a la que no le he podido acceder hasta ahora. Con un cartel de lujo, donde están reunidos muchos de los mejores actores británicos de la actualidad, un guión basado en un best - seller de Le Carré y una ambientación cuidada hasta el más mínimo detalle, El topo presenta credenciales suficientes para ser una película muy a tener en cuenta. A pesar de encontrarnos ante un relato de espías en plena Guerra Fría no presenciamos una acción trepidante y llena de "fuegos artificiales", sino todo lo contrario: El topo es una película muy pausada en la que se masca la tensión a cada segundo y donde todos los detalles son importantes; cada matiz, cada inflexión, cada minúsculo cambio puede tener un papel determinante en el cómputo final. Averiguar quién es el topo que pasa secretos al enemigo puede no resultar complicado si estamos atentos, pero atar todos los cabos y apreciar los pequeños matices de la historia sin perder de vista las magníficas interpretaciones que le dan vida supone un reto delicioso. Personalmente, creo que dentro de no mucho le daré un revisionado para enterarme de aquello que creo que me perdí.


Estoy viendo varias series a la vez, así que sólo les voy a comentar la última que he dado por concluida: True Blood. Empecé a verla cuando se estrenó únicamente porque era obra del creador de A dos metros bajo tierra (serie que me parece imprescindible), pero no tenía mucha confianza en que me fuera a gustar. Sin embargo, le fui cogiendo gustillo y las primeras temporadas eran tan originales, tan impregnadas del Sur estadounidense y con tanta crítica subliminal a muchos de los problemas actuales que me acabó enganchando; esto, mezclado con un humor negrísimo y algún actorazo guapetón que mostraba cacha le daba muchos puntos. Pero todo acabó saliéndose de madre: Alan Ball dejó la serie  y ésta degeneró de tal manera que al final sólo era un cúmulo de locas escenas de sexo gratuito y guiones que daban mucha pena... Dejé de llevar la serie al día y me daba un poco igual lo que pasara, pero decidí terminarla de una vez porque me dijeron que el final era malísimo y me daba curiosidad: no me pareció tan horroroso como me lo habían pintado pero sí decepcionante... Creo que lo mejor hubiera sido abandonar la serie en la cuarta o quinta temporada, cuando estaba en su mejor momento: me hubiera ahorrado tramas insustanciales y ahora tendría mejor sabor de boca, pero estas cosas pasan, ¿no?


Bouf! Me ha quedado una entrada más larga de lo esperado, pero es que ¡he visto muchas cosas en septiembre! En fin, espero que no se hayan aburrido y que hayan anotado alguna de las pelis que me han gustado, que creo que merecen la pena. ¡Feliz domingo! ;)

Previously... (X).


Hola a tod@s!

Septiembre se fue como empezó: lento, perezoso y ligeramente estresante: la adaptación post - estival ha sido algo difícil en mi caso, pues de repente me he visto con varios frentes abiertos y pocas ganas de ir a la guerra. Lo bueno es que poco a poco he ido resolviendo cuestiones pendientes y creo que a partir de octubre podré sentar cabeza definitivamente y gestionar mejor mi tiempo. Todo este caos de vuelta a la rutina le ha pasado un poco de factura al blog: aunque estoy contenta con el nuevo diseño recién estrenado y me he sacado alguna sección inédita de la chistera, es cierto que no he estado por aquí todo lo que me gustaría y eso se nota en las pocas reseñas que he compartido con ustedes este mes... Pero, en lugar de lamentarme, voy a echar la vista atrás para ver qué han dado de sí los últimos treinta días y así poder comenzar octubre con ganas de superarme; ¿me acompañan?


Lo reseñado:

Como les comentaba, ha sido un mes escaso en reseñas, aunque la mayoría de libros que he traído se merecen una mención especial. Es el caso de La última vuelta del scaife, de Mercedes Pinto Maldonado: una historia bien tramada, con personajes potentes y una voz muy personal que la convierten, de momento, en mi libro favorito de la autora. A mitad de mes compartí mis impresiones sobre 39 cafés y un desayuno, una obra sencillita, sin más pretensión que la de entretener y con una narradora algo desconcertante que creo que gustará especialmente a los fans del chick - lit, pues cumple todos los requisitos del género. Para finalizar le tocó el turno a Nos vemos allá arriba, una estupenda novela  de aventuras que habla sobre amistad y postguerra con un tono pícaro y algo socarrón que resulta refrescante: un libro muy a tener en cuenta que merece todos los elogios que está recibiendo. 


Aunque en el blog haya faltado material reseñístico, no he querido dejar pasar la oportunidad de recomendar dos buenos cómics por Facebook y engordar así un poco la sección de #Microrreseñas, que se nutre de aquellos libros de los que me apetece hacer una recomendación más informal y directa, sin enrollarme tanto como lo hago por aquí. Este mes estuvo protagonizado por dos obras de Agustina Guerrero que leí en un corto plazo de tiempo: Nina: Diario de una adolescente y Diario de una Volátil. Me gustaron muchísimo estos dos tebeos sobre todo porque la muchacha protagonista refleja con mucha gracia, y creo que acierto, las diferentes etapas que atraviesa en cada uno de los libros: en el primero, la Nina adolescente es una bomba emocional con las inquietudes, miedos y esperanzas que puede tener cualquier chica de entre 13 y 18 años y en el segundo cómic la Volátil (que no es otra que Nina de mayorcita) nos muestra cómo se ha desarrollado aquella niña, qué es lo que le mueve el piso ahora, cómo hace para enfrentarse al mundo sin más espada que una sonrisa... No puedo dejar de recomendar estos dos cómics tan divertidos y optimistas que seguro sorprenden a más de uno. 


Lo leído:

Ahora que estoy preparando la entrada me doy cuenta que este mes, a parte de poco productivo a nivel de lecturas, ha sido eminentemente femenino. Sólo han caído cuatro libros en mis manos y teniendo en cuenta que dos eran bastante finos y uno lo tenía comenzado desde hace algún tiempo, puedo decir que he leído más bien poco. Comencé el mes con Todo esto no tiene nada que ver conmigo, un libro escrito de una manera bastante original, casi a modo de collage, que habla de cómo una chica intenta superar una ruptura reciente e imprevista: me gustaron mucho las formas, pero no tanto el contenido. Siguió a ésta una de las mejores lecturas que he hecho en lo que va de año,  Emily la de Luna Nueva, un clásico de corte infantil - juvenil que me inundó por completo: ya iba predispuesta para que me gustara, pero es que me sorprendió mucho más de lo que me podía imaginar... Le siguió a esta obra el ya antes mencionado 39 cafés y un desayuno y para concluir septiembre me dejé seducir por los encantos de Evelina, libro del que ya había leído algunos capítulos, pero que me decidí a terminar de una vez para gozar por completo de un drama de época del que todo son parabienes: ahora que lo he terminado entiendo el  porqué. 


La viñeta lectora del mes:

Para octubre he elegido una viñeta que tengo guardada desde hace varios meses y que me apetecía mostrar; es muy sencilla, y tan sólo dice Leer enriquece. No me gustaría que esta frase fuera tomada a la ligera, como el típico eslogan publicitario de difusión de la lectura, sino que, por un momento, la leyeran "al pie de la letra": ¿saben ustedes cuántos beneficios puede aportar la lectura a nivel neuronal? ¿se han parado a considerar el provecho sanitario, social y emocional que produce el ejercicio cerebral que hacemos leyendo? En una sociedad como la nuestra, en la que todo se mide por la "rentabilidad" de las cosas, no deberíamos despreciar las ganancias que conseguimos con el simple acto de disfrutar de la lectura y, de hecho, me parece una buena frase para restregársela a aquellos que nos dicen a nosotros, ratones de biblioteca, que estamos perdiendo el tiempo entre tanta letra: puede que nuestro bolsillo no gane con esta afición (es más, seguro que acaba perdiendo), pero, parafraseando a Machado, es de necios confundir valor con precio. 

Pues nada más, amig@s, ¿cómo les fue a ustedes en septiembre? ¿Alguno de estos libros les interesa? ¿Se sienten un poco más ricos después de leer mi entrada? Abrazos ;)
Sofadicta LePetitHérisson por Nymeria