Cien días de felicidad.

16:18


Razón número 52347 por la que comprar/leer un libro: en la portada sale un donut. Sí amigos,  para mí ese fue un motivo tan bueno como cualquier otro para hacerme con Cien días de felicidad, de Fausto Brizzi, novela cuyo argumento desconocía por completo: “si sale un delicioso donut en la portada enmarcado en una letra cuqui que apela al buen rollo – pensé – tiene que ser un libro ligero, divertido, de esos que te hacen pasar un buen rato…”. Craso error: aunque el libro es bastante ingenioso, probablemente sea la historia con la que peor lo he pasado últimamente. Y no por culpa de que esté mal escrita o de que sus personajes estén mal perfilados, no: la culpa la tiene el tema de fondo elegido para desarrollar la trama, que no es otro que el cáncer terminal que sufre su carismático protagonista que ha hecho que me pasara los pocos días que me duró el libro entre las manos entre la risa y el llanto. El hecho de haber leído esta historia en lugares públicos no me ayudaba precisamente a mantener la compostura: estoy convencida que todo aquel que me veía pensaba que estaba sufriendo algún arrebato bipolar, dado el subibaja de emociones; ¡ni una caja entera de rosquillas glaseadas serviría para aliviar tal marejada de sentimientos!



Lucio es un cuarentón en plena crisis de la mediana edad: a pesar de que iba para jugador de waterpolo profesional, su única relación actual con el deporte es entrenar a un equipo de adolescentes patosos que no dan "mano con bola". Trabaja en un gimnasio cutre en el que entierra todas sus insatisfacciones, queda de vez en cuando con sus dos amigos de la infancia para hablar básicamente de mujeres y fútbol y contempla cómo su matrimonio está estancado después de 12 años de relación: su mujer, Paola, está más preocupada por equilibrar su trabajo como profesora y su faceta como madre que por revivir la llama de la pasión, y Lucio se frustra ante su rutinaria vida familiar… Nuestro protagonista atraviesa la que parece ser una etapa más de la madurez hasta que sucede algo imprevisto: el dolorcillo que ha soportado  durante el último año no es otra cosa que un cáncer de hígado y, al haber sido detectado tan tarde ya se ha extendido a los pulmones. Las previsiones más optimistas le dan apenas unos meses de vida “de verdad” antes de que la enfermedad lo postre definitivamente en una cama y muera. Ante esta expectativa, Lucio decide vivir los que él cree que serán los últimos 100 días de su vida plenamente, haciendo lo que siempre ha querido hacer e intentando arreglar las cosas que ha hecho mal antes de irse para siempre: Lucio tendrá que aprovechar este tiempo para dejar un buen recuerdo en sus hijos, despedirse debidamente de sus amigos y hacer que Paola vuelva a enamorarse de él.



Lucio es un antihéroe en toda regla: desde un principio se gana nuestra simpatía al contar la historia desde su punto de vista, aunque poco a poco vamos viendo que no es un hombre perfecto: tiene una visión de la vida bastante particular, miente, mete la pata, es algo marisabidillo para algunas cosas pero para otras bastante simple… Vamos, que el autor no ha escondido sus defectos para que lo veamos como un santo varón que va a morir, sino que nos lo muestra como un tío normal (aunque algo cabroncete) que se enfrenta, con una vitalidad que no se sabe de dónde saca, a los últimos días de su vida. 

Me ha gustado mucho que Brizzi haya construido a sus personajes remarcando también sus defectos: Paola, la esposa de Fausto, es una mujer buena pero orgullosa, cuyo carácter quizás nos parezca duro en ciertos momentos dada la situación de su marido, pero que, conociendo los antecedentes, comprenderemos perfectamente. Oscar, su suegro, es un pastelero bonachón que nos sorprenderá con algunos de sus pensamientos sobre el matrimonio, radicalmente diferentes a lo que podríamos pensar dado su papel como padre de Paola. Umberto y Corrado, los otros dos mosqueteros amigos de Lucio destacan, el primero por su formalidad, el segundo por su caradura: juntos los tres son como niños grandes dispuestos a hacer una gamberrada tras otra. Massimiliano, el hombre que ha abierto una tienda en la que vende conversaciones, Gianandrea, un deprimido cliente habitual con un pasado oscuro o Roberto, el librero autor de ediciones únicas y exclusivas son otros personajes secundarios que dan color con sus charlas y pensamientos a los últimos días de Lucio. Eso sin contar a Lorenzo y Eva, los hijos del protagonista, dos niños con unas personalidades muy marcadas para tener solo nueve y seis años a los que Lucio adora por encima de todas las cosas y a los que se entregará plenamente haciéndoles el caso que quizás antes nunca les hizo, con el fin de que guarden el mejor recuerdo posible de un padre que los dejará demasiado pronto.



A pesar de que la muerte y la enfermedad planean sobre la novela, este no es un libro triste que se regodee en lo escabroso, sino una historia optimista: el “amigo Fritz” (que es como Lucio llama a su tumor) está presente, pero no se convierte en el elemento central de la historia. Lucio ha decidido tomar las riendas de su vida y disfrutar todo lo que pueda antes de que el cáncer le impida hacerlo, por lo que no vamos a ver demasiados hospitales, tratamientos y efectos secundarios: estarán allí, pero no son la estrella del espectáculo, sólo un incómodo artista invitado, la excusa que le sirve a Lucio para valorar lo que realmente importa.

Nuestro protagonista empezará a escribir una especie de diario en el que veremos su cuenta atrás: ha decidido que tiene 100 días antes de morir y nos va contando cada jornada en capítulos cortos, iniciando cada uno de ellos por el número de días que le quedan. Lo interesante es que no todos los días son inolvidables: Lucio es un tío normal y tampoco es que vaya a convertir su vida en un parque de atracciones: hay días maravillosos y otros aburridos, como es de esperar. A medida que nos vamos acercando al final nos podemos ir agobiando al ver que sólo le quedan un par de días de vida… Pero Lucio intentará hacer de todos ellos algo especial, dejándonos un sabor de boca agradable.

Fausto Brizzi utiliza un estilo sencillo y directo y un lenguaje coloquial: eso contribuye, junto a la caracterización de los personajes, a que nos sintamos más cercanos a Lucio, a pesar de los errores que pueda cometer o las cosas que haga con las que no estemos de acuerdo. El autor intenta equilibrar la comedia y el drama y creo que lo consigue: el libro se lee con agilidad y nos saca más de una sonrisa, el drama crece a medida que conocemos a Lucio, nos encariñamos con él y vemos que no hay nada que lo pueda salvar. Como curiosidad tengo que decir que es un libro “interactivo”: en varias ocasiones Lucio nos pide  que escribamos en nuestro ejemplar algunas cosas, como que aquello que amamos y odiamos o qué haríamos si nos quedaran cien días de vida: aunque no me gusta escribir sobre los libros acabé sucumbiendo ante la petición de nuestro héroe, puesto que no se le puede negar nada a un moribundo, ¿no?



Cien días de felicidad es un libro que no puedo recomendar alegremente, no porque no me haya gustado (fue una de mis mejores lecturas de 2015), sino porque tiene la capacidad de poder reabrir heridas no demasiado bien cicatrizadas: personalmente, y aunque he sufrido de cerca esta enfermedad, no me he sentido ofendida y me ha parecido un libro en cierta manera sanador, pero he leído opiniones que tachan la aventura final de Lucio como irrespetuosa y falta de tacto, por lo que entiendo que a muchas personas les puede doler leer algo así. A pesar de mantener un tono benévolo, optimista, hasta cierto punto esperanzador,  si te pilla en un momento sensible (como me ha pasado a mí), puede convertirse en un activador automático del llanto: tendrían que haberme visto intentando avanzar en la historia al tiempo que la apartaba a un lado para coger aire y seguir… Repito, no es un libro morboso ni nada por el estilo, pero Lucio sabe ganarse el corazón de su audiencia y muchas de las cosas que va haciendo para despedirse de este mundo son tan emotivas que habría que tener un corazón de piedra para no regalar una lagrimita aunque sea de refilón…

 En definitiva, Cien días de felicidad no es una obra maestra, pero es un libro optimista y muy bonito que precisamente emociona por su humanidad y por la cercanía que desprenden sus protagonistas. La historia de Lucio es universal y cualquiera puede vivir algo similar a lo suyo, lo interesante es su manera de afrontarlo e intentar hacer algo significativo antes de irse, aunque quizás su “modus operandi” no sea el más exitoso para conseguir su objetivo. Si tienes alergia a las historias cuyo final sabes de antemano, huye de aquí, pero si te apetece un libro amable  que te ayude a limpiar el aura, Cien días de felicidad es una opción más que recomendable.

¿Sabéis? A vuestra edad tenía muchos sueños. Debo confesaros que no he cumplido ninguno, pero nunca he dejado de tener la esperanza de hacerlo. Recordad siempre que nuestra única riqueza son los sueños que tenemos desde niños. Son la gasolina de la vida, la única fuerza que nos empuja a seguir adelante cuando las cosas se ponen feas. Alcanzar los sueños del niño que lleváis dentro tiene que ser vuestro único objetivo. No os olvidéis nunca que os convertiréis en adultos sólo en el aspecto, pero ese hombrecillo todavía vivirá dentro de vosotros.

Te encantará

20 bocaditos!

  1. Creo que es un libro para leer en un momento determinado y este no es el mío así que lo dejo pasar.

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  2. Hola guapa!
    No me atrae mucho, así que esta vez no me lo llevo. Besotes

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  3. La portada no me decía nada, pero creo que el interior puede merecer la pena. Un beso.

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  4. Anotado el título, que no lo conocía, y además en bolsillo tiene que estar bien de precio, jeje. Además has conseguido que quiera un donuts. Esto no es relevante ... o sí ...

    bsos!

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  5. No me apunto a este tsunami de protas con cáncer que creen vivir sus últimos días. Tampoco puedo tener un Donut en la portada todo el día.
    Besos

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  6. Ay, el cáncer es un tema que me toca mucho la fibra sensible y evito siempre que puedo. Tal vez si me llamara más la atención le daría una oportunidad pero por lo que dices no creo que a mi me llegue.

    Saludos!

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  7. Un libro optimista, sensible y que tiene una dona en la portada, sin duda vendría muy bien en mi vida actual ;) Sabía poco acerca de él, además de su tentadora portada, así que te agradezco por la reseña, creo que podría disfrutarlo, a ver si tengo suerte y lo encuentro por aquí.

    Besos.

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  8. Esa portada tienta, pero creo que este lo apunto para más adelante.

    Un beso!

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  9. Jeje Pues a mí un donut en la portada me echa para atrás... En cambio no hay nada que más me guste de un libro (o película) que me haga reír o llorar, ¡y ya si son las dos cosas a la vez! Lo que no me gusta tanto es saber el final...

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  10. Bufff, me tienta pero... debería elegir el Montse leerlo muy cuidadosamente.
    Un besin

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  11. Aunque no es una lectura a por la que me vaya a tirar, se ve como algo fresco y agradable. Me alegra que lo hayas disfrutado.

    Besos

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  12. Hola!! Me parece un libro muy curioso^^ Un beso

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  13. Ufff... mejor no tomar esa noria emocional. Besos

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  14. Hola:) Tengo claro que no es para mi, primero por que si es cancer ya sufro con la historia y segundo, tampoco me van mucho las montañas rusas de emociones leyendo. Eso si, serán malditos en marketing, ponen un donut tan cuqui en la portada que cualquiera se resiste. Un besin^^

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  15. Pues a mí me has convencido. Me lo llevo !
    Besos.

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  16. Estupenda reseña Tizire, concienzuda, honesta y con un punto de sensibilidad. Me gusta como el autor ha construido la novela, aunque entiendo que tenga sus detractores porque es un tema difícil de abordar. A mi me parece interesante su propuesta, aunque un poco "rosa" (aquí no se si me explico bien), pero ojo, estoy opinando sin haberla leído. Quizá me dejo llevar por la impresión que da la portada del libro, poco seria una vez sabido de qué va el tema (o no, según se mire). Te felicito de nuevo por tu reseña, Tizire. Y es lo que tiene leer en público, a mi también me pasa, se que pongo caras muy raras y a veces se me escapan improperios o parece que estoy sorbiendo el libro, más que leerlo. Pero creo, me temo, que nadie repara en nosotros, lectores entre la masa, jeje.

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  17. El libro no me llama, pero ahora mismo le pegaba un mordisco al donuts....
    Besotes

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  18. COmo me ha gustado tu entrada!! Jejeje Me lo apunto en mi interminable lista de pendientes, pero con una estrellita de atención preferente. Gracias por compartir tu opinión.Besos.

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  19. Es una buena opción para intercalar entre lecturas más densas
    Besos

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  20. Muchas gracias a todos por pasar por mi blog y comentar, les deseo cien mil días de felicidad a cada uno! Abrazos! ;)

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